SÍ A LA COMISIÓN DE LA VERDAD

Mis sueños no caben en tus urnas.

Grito de “Los Indignados”, de España.

 

La verdad es un Derecho Humano

El Derecho a la Verdad se actualiza cuando las sociedades viven momentos traumáticos originados por la acción violenta proveniente de instancias del Estado. Éste existe por y para la sociedad, para darle seguridad y tranquilidad  y para propiciar condiciones que permitan a las personas el pleno ejercicio de sus derechos. Cuando hace lo contrario, es decir que se comporta de manera antagónica a los fines que le asigno esa sociedad, los gobernados tenemos la facultad de saber por qué lo hace, quiénes lo decidieron y qué beneficio sacaron, y cuáles han sido las consecuencias de ello. Conocer la Verdad es el fundamento sine qua non  de la rectificación de una conducta que ha roto el marco jurídico vigente (que a su vez proviene de un pacto social).

La violación de la Ley no es un hecho insólito, pues forma parte de lo que comúnmente ocurre en la sociedad. Lo anormal e irregular es que se vuelva constante y sistemática y, por añadidura, provenga de los órganos encargados de salvaguardar el cumplimiento de las normas. Tampoco la impunidad debe ser regla en la vida social, porque es la negación de la efectividad de las reglas de convivencia.

 Lo contrario a la verdad es  la mentira. Ésta es utilizada profusamente por los agentes del poder  que violentan la Ley y conculcan los Derechos Humanos. No hay agente de autoridad que no presuma estar sujeto a las normas del Estado de Derecho, aunque en la práctica las pisotee por sistema.

La impunidad contiene en su interior a la complicidad de las autoridades para impedir que se cumpla la ley o simular que se está acatando. Y éste es un nuevo ilícito que se añade al originario que acarreó intranquilidad a la sociedad. La trama va creciendo y el problema se va enredando al involucrar nuevos actores. Por eso se tiende a ocultar la verdad echándole encima una fuerte carga de mentiras que propalan algunos medios.

Pero con base en la mentira no es posible construir una vida social sana, por lo que la necesidad de la verdad se levanta como un reclamo de la población. Cuando ésta ha adquirido un nivel de conciencia suficiente, lo convierte en un derecho; el Derecho Humano a la Verdad.

 El contenido del Derecho a la Verdad

Igual que son complejos los hechos conculcatorios de Derechos Humanos, al grado de que conmocionan a las sociedades, también lo es el Derecho a la Verdad. No se trata solamente de saber cuál fue la suerte de las víctimas, sino se conocer también las circunstancias de tiempo, lugar y modo que rodearon los acontecimientos.

Si agentes del Estado  perpetran una masacre contra una población indígena indefensa

-como sucedió por ejemplo en Acteal- o si desatan una “guerra contra el crimen organizado” que produce cincuenta mil muertos, tenemos qué saber con precisión:

1.- Quién o quiénes tomaron la determinación que echó a andar la maquinaria de violencia.

2.- Quién o quiénes recibieron las órdenes y decidieron ejecutarlas, otorgándoles validez y corresponsabilizándose con ellas y de sus resultados violatorios de Derechos Humanos.

3.- Qué tipo de acciones (y omisiones) delictivas se realizaron y a quién es directamente atribuible cada una de ellas.

4.- Quién o quiénes se beneficiaron con tales actos oprobiosos y cómo fueron dados a conocer a la sociedad. Porque por lo regular predomina la mentira propalada por periódicos y cadenas de radio y televisión.

5.- Por qué no funcionaron los mecanismos legales establecidos para corregir y sancionar ese tipo de conductas. Cuál fue la actitud de ministerios públicos y jueces ante las denuncias de grave violación a Derechos Humanos (como aconteció por ejemplo en Atenco).

6.- Cómo se comportaron los mecanismos de corrección de esas actividades, y cuáles fueron los medios por los que proporcionaron impunidad a los autores intelectuales y materiales de los hechos.

Esto, que parece obvio y sencillo, en la realidad se dificulta porque el agente activo de las infracciones a Derechos Humanos es parte del Estado. Éste levanta formidables barreras a la justicia y a la verdad. Porque cuenta con poder político, recursos económicos y relaciones que le posibilitan permanecer oculto o recibir tratos privilegiados.

Cuando Estados Unidos invade algún país, la primera víctima es la verdad, pues desaparece el derecho a la información. Lo mismo ocurre con los delitos de lesa humanidad, que tienen relación con violaciones arteras a Derechos Humanos. Lo que se publica en estos casos es lo que conviene a los intereses creados.

 

Los instrumentos para buscar la Verdad

Partiendo de la tesis probada de que las instancias formales no son eficientes para investigar crímenes políticos, ni mucho menos para juzgar y castigar a los culpables, la sociedad ha intentado crear métodos e instrumentos alternativos. En ocasiones se establecen fiscalías especiales para ciertos casos, en otras se recurre a los organismos internacionales y también se han creado comisiones de la verdad. De entrada hay que decir que ninguno ha resultado infalible y que su eficacia depende de circunstancias de tiempo y espacio.

En México, durante el gobierno de Vicente Fox, se creó una Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP), diciendo que era más eficiente que una Comisión de la Verdad. El entonces secretario de Gobernación, Santiago Creel, aseguró que “dentro de las instituciones establecidas” (léase la PGR) se encontraría la solución a las atrocidades cometidas por soldados y policías contra disidentes políticos. El estrepitoso fracaso de una Fiscalía se expresa en el hecho de que hoy en día su titular es citado por la prensa sólo para referir sus problemas de manejo de recursos y no para dar cuenta de sus consignaciones penales. Las pesquisas ministeriales de esta Agencia del Ministerio Público Federal nunca llegaron a puerto.

Por ello, repetir lo de las fiscalías es caer en el juego perverso del Estado, que sabe que puede controlar a sus titulares porque son funcionarios públicos. La Comisión de la Verdad, en cambio, es parte de la sociedad y sólo a ella se debe.

Pero no hay que hacerse demasiadas ilusiones: ha habido comisiones que no han generado resultados satisfactorios y sí han servido para que algunos perpetradores burlen la justicia.

Reconocemos que la Comisión de la Verdad tiene las siguientes limitaciones:

a)      No es bien vista por el gobierno, porque sale del esquema institucional existente. Como no es una instancia que salga del reparto de poder que hace la clase política, no hay forma de controlarla y manipularla. Debido a esto, es de esperar que enfrente obstáculos en todos los espacios del poder, que la ven como indeseable y molesta.

b)      Carece de atribuciones de Ministerio Público, que entre nosotros tiene el monopolio de la acción penal. Corre entonces el riesgo de que sus indagaciones queden en el terreno extralegal y que sus resoluciones no rebase el plano moral.

c)      Puede caer en la corrupción que inunda la vida política nacional, y servir para exculpar a los responsables de crímenes de lesa humanidad.

 

La Comverdad puede ser útil

 No obstante lo anterior, en las actuales circunstancias de México, la Comverdad puede ser un instrumento útil a la lucha por el Derecho a la Verdad. Pero hay algunas condicionantes:

I.- Debe ser completamente ciudadana, de modo que no incluya a ningún funcionario de ningún nivel, ni a dirigentes de partidos políticos. Tiene que contar con autonomía para quedar fuera del rejuego del poder establecido. Esto implica que el cargo de Comisionado sea honorífico.

II.- Para no quedarse en el plano decorativo, la Comverdad debe ser creada por el Congreso y sus actuaciones contar con valor jurídico. No podemos correr el riesgo de que se repita lo que hizo Antonio Lozano Gracia siendo titular de la Procuraduría General de la República, cuando echó a la basura las investigaciones (y las pruebas correspondientes) de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en el caso de la masacre de Aguas Blancas.

3.- Las propuestas de Comisionados deben provenir de la sociedad civil, para que tengan legitimidad. Las organizaciones humanitarias y sociales con experiencia en Derechos Humanos tienen que acompañar la labor de la Comed, para evitar que sus miembros caigan en las tentaciones que aparezcan a su paso.

Como vemos, sin ser perfecta, la Comisión de la Verdad puede ser útil para acercarnos al conocimiento de los hechos que han sido traumáticos para la vida nacional porque son heridas que aún sangran.

22/julio/11.

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