Los programas de asistencia policíaca “humanitaria” de la USAID en América Latina.MANUEL GONZÁLEZ CASTELLÓN Y LUÍS CARRERAS MARTORELL

 

Desde comienzos de la década del 50, tanto la CIA, como el FBI y los servicios de inteligencia militar norteamericanos venían estimulando la creación en los países del área latinoamericana de instituciones policíacas o de seguridad, que entrenadas y financiadas adecuadamente, les garantizasen el control y la represión de las fuerzas de izquierda, en lo que el Imperio consideraba su “traspatio”. Los programas de entrenamiento y penetración de las fuerzas de inteligencia y seguridad de gobiernos aliados o lacayos, constituían un elemento clave dentro de su estrategia global de contención del comunismo, tanto en América Latina, como en el resto mundo.

Otra de las estructuras del gobierno de los Estados Unidos que se encargó de organizar este tipo de actividad fue la denominada Oficina de Seguridad Pública (OPS), creada durante el mandato de Dwight D. Eisenhower en 1957 y que en 1961 era parte de manera oficial de la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID).(1)

El Programa de entrenamiento de la OPS abarcaba cursos especiales en la denominada Academia Internacional de Policía de Washington DC, instituida en 1963 y también en la Academia de la Guardia Fronteriza esta última ubicada en Los Fresnos, Texas y donde los “educandos” tenían la oportunidad de recibir preparación directa de especialistas de la CIA.

Por otra parte, la actividad de asesoramiento contemplaba también la instrucción in situ en países de diversas áreas geográficas, donde a través de las oficinas de la USAID, insertadas bajo la cobertura diplomática de las embajadas yanquis, los especialistas de la CIA y el FBI supervisaban y entrenaban al personal seleccionado de las instituciones de seguridad e inteligencia de esos países, involucrados de manera directa en la represión de las fuerzas y movimientos progresistas de izquierda.

La existencia de estos programas secretos y la conexión CIA-FBI-OPS-USAID aparece reflejada en diversos documentos desclasificados del gobierno norteamericano, algunos dentro del paquete de las denominadas “Joyas de la Familia”.

En la página 218 de este último grupo se revela que la División de Servicios Técnicos de la CIA (TSD) le proporcionó instructores a la USAID para un Curso de Investigaciones Técnicas (Contra Terror).(2) En el mismo se hace una diferenciación entre el Departamento de Estado y la USAID en cuanto a servicios prestados y el carácter muy secreto del contenido del entrenamiento a esta última.

Otro documento de ese mismo dossier, un memorando de 3 páginas dirigido al Sub Director de la CIA para Operaciones, escrito el 27 de marzo de 1973 por James Angleton, Jefe de la División de Contrainteligencia de la CIA, en relación con un curso de adiestramiento CIA/USAID, amplia sobre el papel de la Agencia en el programa de adiestramiento y el contenido del mismo.

Una parte del entrenamiento, entre el 2 y el 27 de abril de 1973, se llevaría a cabo en la Academia Internacional de Policía. Esta fase, según se refleja textualmente en el documento, se relacionaba “a la preparación profesional de los cursantes en aspectos tales como técnicas investigativas, recolección y preservación de evidencias, recopilación de información, expedientes, confección de informes, obtención de información sobre grupos y actividades terroristas así como otras actividades hostiles actualmente identificables en los respectivos países de procedencia de los cursantes”. La segunda fase del entrenamiento sería llevada a cabo por la CIA entre el 30 de abril y el 25 de mayo de 1973 (3) y se especifica que los técnicos del TSD se presentarían ante los cursantes simulando ser de otra institución.(4)

En particular el curso al que hace referencia el memorando contaba con 26 participantes en representación de 10 países. Nueve de los matriculados serían financiados por la USAID, 8 por la CIA y el resto por los propios gobiernos de procedencia. Se especifica también que al final del curso la USAID confeccionaría un informe final y separadamente también la CIA y TSD realizarán sus propias evaluaciones.

El conocimiento público de estos documentos confirmaba que la USAID estaba involucrada en esquemas y prácticas que en esencia respondían a la lucha contra los movimientos de izquierda utilizando no solo la actividad en general de propaganda ya de por si violatoria de la soberanía de los países víctimas, sino procedimientos encubiertos que han contribuido a la violencia y la muerte de miles de personas en los países victimarios.

La Academia Internacional de Policía de Washington DC, creada en 1963, en sus aproximadamente 10 años de existencia entrenó 5204 oficiales de 77 países. Adicionalmente, otros 3651 policías y agentes de seguridad recibirían en ese mismo periodo cursos especializados de otras agencias del gobierno norteamericano, en este caso financiados por la USAID.(5)

La Academia organizaba dos tipos de cursos. Uno de carácter general, de 17 semanas de duración dirigido a oficiales de mediana jerarquía. Otro superior, de 14 semanas de duración, dirigido a primeros oficiales (con grados de teniente coronel o más). Ambos cursos se impartían en idiomas, inglés, francés y español.

En su momento de mayor auge, la Oficina de Seguridad Pública de la USAID poseía 590 funcionarios permanentes, lo que incluía el personal de la Academia Internacional de Policía y especialistas ubicados en más de 52 países. Además de los oficiales de la CIA y el FBI, en la nomina de esa institución se contrataban oficiales de policías con más de 15 años de experiencia en su profesión o en la vida militar.(5)

EL CASO MITRIONE

En el verano de 1970 se produciría un hecho trascendental en un pequeño país suramericano que revelaría ante la opinión pública la verdadera esencia de la “cooperación policíaca” de la OPS/USAID. El jefe de la oficina de la OPS en Montevideo, Uruguay, Daniel Anthony Mitrione, sería capturado y posteriormente ejecutado, por un comando del MLN Tupamaros.

La imagen bonachona de Dan Mitrione y sus maneras educadas, trasladaban una impresión errónea de su verdadera naturaleza humana. Se presentaba ante el público como un representante de la USAID, un simple burócrata, cuya presencia en Uruguay respondía supuestamente a intereses humanitarios. Era el típico americano que había venido a “ayudar”.

En realidad era el jefe de la “Oficina de la Seguridad Pública”, con dependencias en el edificio central de la policía, un hombre frío e inhumano, cuya labor consistía en instruir a la policía uruguaya en el empleo de métodos “novedosos” para el enfrentamiento a la insurgencia. Más tarde se sabría que su especialidad era el manejo de técnicas sofisticadas de interrogatorio, que emulaban con las de los maestros de la tortura de la época medieval o de la Gestapo hitleriana.

Mitrione era un especialista del FBI, aunque en su equipo de la OPS la presencia de oficiales de la CIA superaba a los de su institución. La misión del personal de la Agencia, que interactuaba permanentemente con él, era la de instruir, adoctrinar y establecer posiciones de inteligencia en los puestos claves de los servicios de seguridad de Uruguay.

La oficina de la OPS en Montevideo, operaba en ese país desde el año1964. Mitrione arribaría en 1969, procedente de Brasil, donde se dice fue notoria también su labor de enseñanza en métodos de tortura. Oficiales de la CIA que coincidieron con él en Montevideo, como William Cantrell y su relevo Richard Martínez tuvieron una activa participación en la creación de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia de Uruguay, la DNII. El programa de asistencia a esta institución, incluía, además del asesoramiento metodológico, la ayuda financiera y la entrega de recursos técnicos.

El cubano Manuel Hevia Coscuyuela, que actuaba como agente de la CIA en Uruguay por esos años, sería la persona que con mayor lujo de detalles revelaría a finales de los 70 la oscura y cruel actividad de Mitrione. Su caracterización del maestro de la tortura aparece relatada en su libro “Pasaporte 11333: Ocho Años con la CIA”, escrito después de su regreso a Cuba, pues en realidad su misión era la penetración de la principal institución de inteligencia, cuya tenebrosa actividad denuncia en el citado libro y en otros escenarios antiimperialistas.

Las revelaciones de Coscuyuela fueron convincentes, contundentes y en momentos escalofriantes. “El truco era lograr un dolor exacto en la parte precisa del cuerpo humano administrándole una descarga eléctrica de acuerdo a su condición física. Para esto también se necesitaba la presencia y participación de un médico. (…) Lo que ocurría en cada clase era de por sí repulsivo. Lo que le daba un aire de irrealidad, de particular horror era la fría y pausada eficiencia de Mitrione; su vocación docente, su atención a los detalles, lo exacto de sus movimientos, el aseo e higiene que exigía a todos, tal si estuvieran en una sala de cirugía de un moderno hospital”. (7)

Mitrione abogó por el interrogatorio especializado, con tortura incluida, como la vía más efectiva y rápida de obtención de información de inteligencia. Durante los casi 18 meses que permaneció en Uruguay logró formar una fuerza de tarea de policías selectos e instruidos por él mismo. Para él, los métodos de penetración de las células del MLN Tupamaros, que le sugerían sus colegas de la CIA en la propia OPS eran válidos pero lentos.

LOS NUEVOS DERROTEROS DE LOS PROGRAMAS DE ASISTENCIA POLICIAL DE LA USAID EN EL MUNDO

Las revelaciones en la prensa mundial y norteamericana, así como las denuncias de las victimas y testigos sobre la realización de prácticas de tortura por parte de las fuerzas represivas en regímenes dictatoriales, financiadas y entrenadas por la OPS/USAID, motivó que el gobierno y congreso de ese país suspendiera a finales de 1974 los fondos para los programas de asistencia policíaca de la USAID. Esto provocó a su vez el cierre de la Academia Internacional de Policía y de la propia Oficina de Seguridad Pública de la USAID. (8)

Sin embargo, después del cierre de la OPS sus funciones de entrenamiento fueron asumidas por otras agencias como la DEA y el FBI. Por otra parte, los programas de asesoramiento del ejército a través de la infame Escuela de las Américas se mantenían vigentes y garantizaban la presencia y control yanqui en las instituciones militares y de seguridad del área latinoamericana.

No obstante, en los años 80, en las recomendaciones del informe de la Comisión Kissinger, se revivió la idea de institucionalizar nuevamente en el área “civil” el apoyo a las fuerzas represivas de gobiernos extranjeros y en particular de América Latina. En 1986 el Departamento de Justicia ya había formado el Programa Internacional de Asistencia y Entrenamiento para la Investigación Criminal (ICITAP), el cual usaba fondos del Departamento de Estado para el entrenamiento policíaco en países como Guatemala.

Durante el mandato de otro presidente republicano de ideas fascistas y guerreristas, George W. Busch, el Congreso de Estados Unidos en el año 2002 autorizaría nuevamente a la USAID a involucrarse en los programas de ayuda a las instituciones policíacas foráneas. Sus primeras acciones se realizaron en Jamaica y El Salvador en el 2003, países en los que la OPS ya había actuado.

En esa ocasión la asistencia no podría incluir el suministro de armas letales o tecnología, ni el apoyo directo en operaciones de inteligencia o vigilancia; a diferencia de los programas de la OPS, esta nueva iniciativa se dirigiría solamente al suministro de dinero y “know-how”.

Sin embargo, las limitaciones impuestas a la USAID para el apoyo policial extranjero, en el contexto de la aun vigente enmienda 660 de la ley de asistencia exterior de 1974, serían definitivamente suprimidas en el 2008, cuando se aprueba la denominada Iniciativa de Mérida o Plan Mérida, en el marco de la guerra contra las drogas. Este nuevo programa contemplaba la entrega de 400 millones de dólares al gobierno mexicano y 65 a los del área centroamericana, una parte del cual sería destinada al entrenamiento de las fuerzas policiales.

A tono con los nuevos “enemigos”, según la lógica imperial, se hizo necesaria la introducción de cambios en el proceso de “educación” de las instituciones de seguridad extranjeras.

En 2009, la USAID fue formalmente incorporada en la Iniciativa Interagencial de Contrainsurgencia de Estados Unidos, junto al Departamento de Estado y el Pentágono. En 2007, se había publicado el documento, “La Contrainsurgencia para los políticos del gobierno de EEUU: Un trabajo en progreso”, que destacaba a la USAID como un ente fundamental para asegurar el éxito de las operaciones de contrainsurgencia.

Al hacerse pública la incorporación de la USAID en cualquier iniciativa de contrainsurgencia contra movimientos y estados soberanos considerados “adversarios” por Washington, se está evidenciando su retorno oficial a los programas de entrenamiento de las fuerzas represoras en el mundo, que otrora fueran fuentes de acciones criminales y de la práctica de la tortura, lo que de hecho la convierte en una agencia de guerra, con los harapos de su disfraz humanitario.

8 de abril de 2011

Anexo de documentos desclasificados

 

[1]

Antes de 1961 la OPS se insertaba en la entidad antecesora de la USAID: La Administración para la Cooperación Internacional (ICA, por sus siglas en ingles), institución que actuaba desde el año 1954, bajo la cobertura diplomática de las embajadas norteamericanas en el mundo.
[2]
Se mutilan dos párrafos completos donde se detallaban los contenidos específicos suministrados a la USAID.
[3]
El lugar específico está mutilado.
[4]
La institución específica está mutilada.
[5]
Dennis E. Keller: U.S. MILITARY FORCES AND POLICE ASSISTANCE IN STABILITY OPERATIONS: THE LEAST-WORST OPTION TO FILL THE U.S. CAPACITY GAP August 2010. Tomado de: http://www.StrategicStudiesInstitute.army.mil/.
[5]
Idem.
[7] 
Manuel Hevia Cosculluela: “Pasaporte 11333: Ocho Años con la CIA”, EDITORIAL DE CIENCIAS SOCIALES DE LA HABANA – CUBA  – 1983., extractos.
[8] 
Foreign Assistance Act, December 1974. Sección 660.

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