Satrapías e invasiones en Oriente Medio.

 

Como con la guerra del golfo 1990-1991, hoy la invasión a Libia es un conflicto por el petróleo, donde el imperialismo busca incrementar su peso específico como factor condicionante de la OPEP, el mercado petrolero y la ocupación militar imperial. Desde luego y pese a las variantes políticas del gobierno Libio, los gringos no soportan hoy una Libia anti-estadounidense, pues en realidad el área constituye casi una cuarta parte de las reservas probadas mundiales de crudos convencionales, y como zona estratégica produce una nueva guerra ante las cambiantes circunstancias regionales, donde inclusive los reinos sátrapas deben, además de participar, garantizar la exportación de su crudo a Estados Unidos, Europa y Asia como contribución a la estabilidad relativa del mercado petrolero mundial y con la guerra. Por otro lado el imperio no olvida que Gadafi lideró, en 1969, la revolución que derrocó la monarquía del rey Idris. Se opuso a los acuerdos de 1978 de Camp David, que ha sido un firme partidario de la causa Palestina. Su país padeció un embargo petrolero estadounidense en los años ochenta. Ronald Reagan lo llamaría “el perro loco de Oriente Medio”, un bombardeo gringo mató a su hija Jana y soportó un bloqueo de Naciones Unidas en los noventa. En 1999, Gadafi entregó a dos libios y consiguió levantar el veto de la ONU y Estados Unidos. En 2003 anunció una reforma radical del régimen socialista y nació el llamado “capitalismo popular”. Para diciembre de ese mismo año, hizo un acuerdo con el presidente estadounidense, George W. Bush, y con el primer ministro británico, Tony Blair para el desmantelamiento, por parte de Libia, de sus armas de destrucción masiva. En 2004, Bush levantó el embargo comercial de Estados Unidos y la Unión Europea (UE) puso fin al embargo de armas. De ser miembro del “Eje del Mal”, Gadafi pasó a ser “amigo” de Occidente, hasta tal extremo que le entregaron la llave de oro de la ciudad de Madrid. Se la entregó Gallardón, en 2007, durante un acto muy rimbombante en el que el alcalde elogió “los lazos históricos y culturales” que unen a ambos países. En ese mismo viaje, su primera visita oficial a España, también fue recibido por Zapatero y por el rey Juan Carlos de Borbón; incluso se le permitió pasar revista a una compañía de la Guardia Real al tiempo que la banda de música interpretaba una marcha militar: El viejo almirante. Los máximos dirigentes de occidente lo abrazaron, desde Silvio Berlusconi hasta Barack Obama, y con toda seguridad todas las veces que se reunieron hablaron del infinito respeto por los derechos humanos. Sin embargo, la “real politik” es más importante que los “amigos”, y así lo dejó claramente establecido recientemente el presidente de EEUU: “Cuando nuestros intereses y valores están en juego, tenemos la obligación de actuar”, Muamar Al Gadafi hoy es el objetivo militar y lo quieren eliminar. Algo parecido ocurrió con Sadam Hussein , principal aliado de Estados Unidos en la lucha contra Irán que luego fue asesinado. Así EE UU con su guerra imperial busca, constituirse como la única potencia extranjera dominante en la región del norte África- Medio Oriente. El conflicto bajo el liderazgo estadounidense, intenta afianzar el carácter de los EEUU como Estado Central de la cultura occidental, dada la fortaleza que ha adquirido en lo político, económico, militar y cultural. Dadas las condiciones de la intervención estadounidense, es decir a través del mandato de la ONU en coalición con otros países, el plan es desalojar a Gadafi del poder con la anuencia y la participación directa de las demás petromonarquías -Grupo de Contacto sobre Libia- a las cuales los gringos condicionan y preservan ante su debilidad defensiva y política, avanzando con la política exterior de doble contención de Obama, que aísla mediática y políticamente y que arremete militarmente con la OTAN que pide más aviones de guerra y mayor presencia de Francia y Gran Bretaña. El poder en Oriente Medio y de Libia en particular reside en el volumen de sus reservas petroleras, en la calidad de éstas, en la posibilidad de los grandes productores de incidir en el precio del crudo mediante reducciones o ampliaciones de la oferta y su relativa facilidad de invertir en capacidad de producción instalada.

Las Salidas al conflicto.

Sin embargo y hasta los momentos, pese a otros esfuerzos internacionales como el de Venezuela y/o los países del ALBA, fuerzas populares y revolucionarias de NuestrAmérica, gobiernos democráticos y otros sectores políticos progresistas en el mundo, los esfuerzos internacionales se han centrado en salidas que mayoritariamente responden a los intereses de los gobiernos de potencias occidentales, causantes en realidad de la inestabilidad política de la región y a factores internos provocados por ellos tales como la ausencia general de democracia y responsabilidad por parte de los gobernantes, así como la excesiva centralización del poder, siendo en la mayoría de los casos los militares los árbitros finales . También han de buscar razones en el exterior, en las intrigas de las potencias extranjeras que han estado utilizando la táctica de enfrentar unos países contra otros y apoyando a hombres fuertes y gobernantes autocráticos que favorezcan sus intereses. En ambos casos el petróleo es el responsable. En Oriente Medio el petróleo ha sido un sustituto de la democracia, en la medida en que los ingresos petroleros han permitido a los gobernantes seguir siendo autocráticos, ya que no deben dar cuenta de sus acciones. No es una coincidencia que los países de Oriente Medio, con poco petróleo o sin él, tales como Yemen, Túnez, Siria, Jordania (también satrapías), hayan avanzado lentamente en lo económico -relativamente-; mientras que en Irak y Egipto, por ejemplo, el 75% de la población vive en pauperización, en condiciones similares a Kuwait y Arabia Saudita. Consecuentemente, el petróleo ha sido lo que más ha atraído la intriga de las potencias extranjeras en Oriente Medio, para tratar de obtener acceso a el y a los ingresos que éste genera a través de las exportaciones. Hoy particularmente la geopolítica capitalista dirige sus baterías a linchar al líder Libio; con la “Operación Amanecer en la Odisea”, el imperio impone al CONSEJO NACIONAL TRANSITORIO como germen de lo que el pentágono considera debe ser el nuevo gobierno por al que asignó un denominado “fondo pro-rebeldes”, compuesto por recursos de la CONFERENCIA INTERNACIONAL SOBRE LIBIA que integran países árabes y occidentales que decidieron en Qatar crear este mecanismo de ayuda financiera. Allí participaron en esta primera reunión, en Doha, unos 20 países y Organizaciones, posición que contrasta con los acercamientos de Gadafi con la UNION AFRICANA y la Organización para la Conferencia Islámica, La Liga Árabe, y 5 grandes potencias emergentes que expresan sus recelos sobre los ataques aéreos sobre este país del norte de África, Libia. Como siempre, el Departamento de Estado gringo argumenta la necesidad de “liberar” al pueblo, mientras en realidad se trata de devorar una nueva presa amparándose en una espuria resolución (la 1973) de la ONU que impone guerras y paces capitalistas combatiendo a los pueblos que luchan por su liberación. Se abstuvieron China, Rusia y Brasil -entre otros- de manera indigna y cobarde, defendiendo los intereses que les corresponden como países capitalistas. Mientras crece la inestabilidad política de la región de Oriente Medio, los apetitos Sionistas se exacerban, aumenta la incertidumbre para la paz y para el mercado del petróleo por la fluctuación de los precios; La economía mundial es vulnerable en tanto dependa agudamente de la oferta petrolera del Medio Oriente. Los cambios en el sistema internacional se están reflejando negativamente en el Mundo Árabe, agravado con la pérdida de apoyo de Rusia y China, la tendencia estimula el crecimiento de la ofensiva también contra Irán de manera cada vez más violenta y con la implementación de guerras fratricidas con inmensos recursos bélicos proporcionados por el occidente terrorista y las satrapías de Oriente Medio. Estos hechos reales de la mafia que dirige el planeta por encima de los organismos internacionales con la venia de ONU, quien decide acciones ilegítimas e ilegales sobre los pueblos, clonadas con el discurso de intervención humanitaria o de exclusión aérea legitimado por los imperialistas y colonialistas Europeos -donde los franceses, Ingleses y los silenciosos payasos españoles intentan demostrar al mundo quien es el mejor sirviente imperial-, debe recibir la repulsa Continental y mundial de los revolucionarios y sus luchas para defender incuestionablemente soberanía, integridad y autodeterminación de los pueblos del mundo, así como condenar la intervención imperialista y colonial que pretende dividir a Libia para expoliar su petróleo y demás riquezas estratégicas. Los pueblos tienen derecho a decidir su presente y futuro autónomamente, soberanamente; y la lección a aprender es que no es posible ganarse a los enemigos del mundo, aún otorgándoles concesiones, pues el imperio no les dejará sobrevivir, jamás cumplirá sus compromisos si éstos no son con los de su clase y para defender sus intereses como potencias capitalistas. Las verdaderas rebeliones populares están efectivamente justificadas contra las dictaduras pro-oligárquicas e imperiales, de ello no debe caber duda; Las rebeliones de masas ocurridas en Túnez y Egipto son legítimas porque surgen de verdaderos intereses históricos y de clases. Y aunque hoy se mantengan los viejos poderes, la lucha popular y revolucionaria está vigente. En Libia, por el contrario, la “rebelión” se manifestó de manera diferente. No participan masivamente todos los componentes de la sociedad, no está desarmada como en Túnez o Egipto donde se manifiestan claramente las ideas democráticas; aquí -en Libia- se evidencia la presencia de manos colonialistas combinadas con oportunistas internos como el Ministro de Justicia que traicionó, con agentes extranjeros que prepararon parte de la rebelión para ponerse a la cabeza, de sectores secesionistas, monárquicos o de intereses tribales; todos ellos como factores de división que levantan banderas radicalmente diferentes a los intereses soberanos del pueblo Libio, con una rebelión armada o con impresionantes recursos del exterior que va ganando terreno en la dirección de destrozar las defensas aéreas del Ejército Libio e invadir su territorio. Ellos, los imperios, tienen como objetivo matar, saquear o robar; lo hacen como los criminales dueños del mundo que son en nombre de la paz y/o de la seguridad. Utilizan a sus sirvientes de turno para legitimar las guerras. En NuestAmérica, los Uribe Vélez-Santos contra el Pueblo Colombiano; en Venezuela, Ecuador y Bolivia con el discurso de la lucha contra el terrorismo; y hoy Santos-Sarkotzy, el sirviente Inglés, o el Canadiense, en nombre de la defensa de la “democracia” y contra la muerte de “civiles” como si otra especie muriera con sus guerras. El mercado petrolero mundial es un complejo sistema de actores e intereses, dada la importancia política, económica y militar del petróleo, porque la acción de los Estados de países productores, de los Estados de los países consumidores, de compañías privadas y de organismos internacionales (que agrupan a productores por un lado y a consumidores por otro), convergen en función de la maximización de utilidades; por ello, la complejidad del mercado petrolero se agudiza con la crisis capitalista, la globalización financiera y militar del imperio, afectando con la guerra todos los ámbitos de la vida humana del planeta, movilizado por los procesos económicos, tecnológicos y militares de la sociedad industrial, por lo que su propiedad otorga poder en las relaciones internacionales a quienes los poseen, dándole así un carácter político-militar al mercado petrolero y a la participación de los diversos actores. La administración del precio -su oferta, los precios y las guerras- son un acto político soberano o no, que repercute en todas las naciones en el desarrollo económico y social. Así entonces la rebelión legítima de los pueblos es la única salida para la defensa de la autodeterminación, la soberanía y la paz de las naciones.

Alejandro Martínez.

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