LA FANTASMA DE CANTERVILLA (TÍTERES)

 

¿Tienes hijos, sobrinos?
¿Hace cuanto que no los sacas a distraerse, a reirse?
¿Hace cuanto que no te diviertes con amigos o en familia?
Éste es el momento.

Ven a disfrutar de una función de títeres que entretiene a niños, pero también a adultos.

Domingo 19 de Diciembre, a las 13:00 horas en CENTRO CULTUAL JOSE MARTÍ, ubicada entre las calles Benito Juárez y Sexta Avenida, Estado de México, Ciudad Nezahualcoyotl.

Desde las Orillas con amor, vicisitudes y trapisondas de la izquierda latinoamericana”

Las viejas y las nuevas izquierdas –coloquio debate en la UAM-Azcapotzalco.

Mesa  sobre socialismo y anticapitalismo. 10 de Julio 2008

Por  Tatiana Coll Lebedeff

“Desde hace veinte años los pueblos coloniales dislocan la dominación extranjera y hacen pié en la escena internacional. El siglo XX no habrá sido solamente la era de los descubrimientos atómicos, sino también la de la conquista por los pueblos de las tierras que les pertenecen”.  Franz Fanon, 1962

 “A la postre la centuria pasada no fue el siglo del centro sino el de las orillas, no el del proletariado sino el de los campesinos, no el de la expropiación de las fábricas, sino el de la recuperación de las tierras” Armando Bartra, El Hombre de Hierro, 2008.             

En verdad el siglo XX fue el siglo de las revoluciones, triunfantes o derrotadas, desatadas o encasquilladas, consolidadas o dispersadas. Esta es una herencia significativa y grande, así como compleja y pesada para las izquierdas. Una herencia simbólica que no puede ser ignorada y  arrumbada,  enaltecida o condenada, justificada o satanizada como un todo. No se puede tirar al niño con el agua sucia, ni tampoco quedarse con el agua sucia y el niño. La crítica siempre es el instrumento de la lucidez y permite reconocer nuestras posibilidades y alcances, pero la crítica es difícil, muy complicada, no puede ser ni devastadora, ni entumecida y tibia. Generalmente la viga en el ojo ajeno ha sido más grande que la propia. La crítica bienvenida sea si no arrasa arbitrariamente con todo y permite seguir abriendo caminos.

 El primer gran hecho histórico que tiene que acabar de asumir plenamente la izquierda latinoamericana, sobre todo, con todos sus significados e implicaciones, teóricas y prácticas, es el hecho contundente de que todas las revoluciones fueron “orilleras” como nos dice Bartra, fueron hechas en los países del subdesarrollo y la dependencia colonial, en las condiciones que esta matriz socio-política y económica impusieron. Este es un hecho histórico que debería de entrada evitarnos reeditar las obtusas discusiones en torno al sujeto histórico del cambio y las vías únicas de la revolución, los intentos por disfrazar a los campesinos y estudiantes como proletariado, y otras muchas deformaciones que aún enturbian los debates.

Para establecer este debate se proponen 4 términos que lo conducen o acotan, como se quiera ver, el discurrir de las ideas sobre el gran tema del cambio social y los sujetos que lo posibilitan desde la izquierda. Viejo y nuevo, socialismo y anticapitalismo, son 4 elementos de carácter muy general y que han estado presentes por lo menos en los últimos 150 años de la historia latinoamericana. Todos los actores sociales que se lanzan a la ardua tarea de rechazar y cambiar desde su cotidianidad su entorno y condición social de alguna manera están convencidos de que emprenden un nuevo camino y, de alguna manera así lo es, aunque muchos otros ya lo hayan recorrido. Es nuevo para ellos, a la vez que puede ser viejo para otros. Así ha sido y probablemente lo será siempre. Sin embargo en una perspectiva histórica lo nuevo y lo viejo adquieren otro significado, la noción de viejo se asume mas como aquello que retrasa el cambio y permite la reproducción y lo nuevo, en diferencia, se asocia inmediatamente con el cambio mismo. 

En esto de echar a andar y decir basta, como decía el Ché, hay siempre ciertos procesos comunes a los cuales se les nombra de diferente manera desde diferentes miradas, pero que por lo tanto permiten trazar grandes rasgos comunes, grandes pinceladas o trazos que nos permiten generalizar. Aunque evidentemente, el hecho de generalizar conlleva necesariamente una gran limitante, que es la de perder el matiz, el detalle, el ejemplo contradictorio, la excepción, en fin se pierde a veces aquello que vuelve a la realidad social en única e irrepetible, pero que la generalización nos permite al mismo tiempo establecer los grandes trazos y ver hacia atrás para señalar donde se distinguen claramente los caminos, las llegadas, el arranque, las desviaciones, senderos sin salidas y desbarrancamientos o triunfos. Esta aclaración es muy necesaria para evitar las falsas discusiones que toman como asidero un ejemplo, aquel que contradice la línea general. Esta discusión en detalle ameritaría un largo debate con una gran cantidad de temas y subtemas, lo cual no es el caso y los 4 elementos propuestos necesariamente nos llevan a la generalización.

Otra acotación igualmente necesaria es aquella de que en estos temas no hay “neutralidad” posible, ni creíble.  El determinismo academicista que pone como requisito una supuesta neutralidad para conceder el certificado de excelencia  se ha vuelto en realidad un impedimento, sino es que prácticamente un veto,  para el avance de la perspectiva crítica y busca asirse siempre en el espacio institucional. Vivimos en un mundo que ha sido desafiado por la mayor potencia imperialista con un reto que ha lanzado en boca de su iluminado y mesiánico ex presidente: “Dios está con nosotros, y todos deben escoger o están con nosotros o están en contra nuestra”, las consecuencias son entrar a la lista de “los oscuros rincones del mundo donde anidan los terroristas” (cortesía de George Bush). Las ciencias sociales de ninguna manera pueden pasar por alto esta advertencia que determina el funcionamiento estratégico de los espacios globalizados que en verdad no ha sido modificado sustancialmente por el nuevo Obama, basta ver el despliegue de las bases en Colombia y la restauración de la VI Flota del Comando Sur.

En este caso, además, al hablar de las izquierdas, y yo propongo de las izquierdas marxistas como definición, tampoco hay neutralidad, hay posiciones que establecen diferencias sustanciales dentro del abanico de la izquierda marxista. El ejemplo será este mismo libro donde debatiremos entre diferentes posiciones y sobre todo orígenes políticos; cuando se desarrollan estos debates entre miembros de diferentes filiaciones partidistas o de corrientes del marxismo, vuelven a surgir los apasionamientos de la vieja camiseta y su defensa a ultranza. Ese ha sido un obstáculo grande para construir una crítica equilibrada desde y hacia las izquierdas.

En la misma intención de evitar falsos debates queremos señalar que tampoco entendemos a las categorías de nuevo y viejo como absolutas, mas bien pensamos que son grandes matrices que nos permiten clasificar o apreciar los elementos generales que definen un movimiento social, un partido, un grupo organizado, un conjunto de actores en términos de su práctica y teoría. Una cosa es la autoconcepción que de si mismo presenta un sujeto social y otra muchas veces es la acción que despliega en consecuencia. Por poner un ejemplo nítido: los conocidos “Chuchos” del PRD se autonombran irónicamente como la Nueva Izquierda, moderna y ágil,  y es a todas luces evidente que son justamente el grupo que realiza las prácticas más corruptas, voraces, fraudulentas y viejas de los aparatos políticos(1). Por otro lado es necesario acotar que muchas veces lo nuevo y lo viejo se presentan de manera entremezclada, ni todo lo nuevo es absolutamente nuevo impoluto, ni todo lo viejo es completamente viejo y desechable. Generalmente se puede hablar de lo nuevo cuando aparece un nuevo horizonte que modifica la matriz histórica. Los años 50 del siglo pasado representaron un nuevo horizonte histórico para América Latina donde se confrontaron las fuerzas nuevas y emergentes de una izquierda revolucionaria con el despliegue más feroz del imperialismo norteamericano.

 Finalmente en esta breve introducción señalar que los conceptos de socialismo y anticapitalismo, en la teoría clásica solían ser un mismo significante, puesto que era imposible pensar un socialismo verdadero, ojo que no “real”, que no fuese esencialmente anticapitalista y evidentemente la viceversa también lo era. La primera propuesta sistémica anticapitalista existente la elaboró, en sus trazos originales, mediante su fulgurante y adelantada percepción  Marx. Un socialismo como devenir alternativo y utópico, pero también como modo real y contradictorio de organización de múltiples sociedades, un espacio donde se desplegaría una intensa lucha de clases. El elemento común tal vez fuera la expropiación-socialización de los medios de producción y la sociedad sin explotados. Sin embargo las concepciones y desarrollo de los diversos, y muy diversos, socialismos, nos llevaron nuevamente a grandes confrontaciones entre las izquierdas y, a medida que estos socialismos se convertían, cada vez mas, en meros desarrollismos nacionalistas (Wallerstein, Después del liberalismo ¿que?) en un hiper-estado de bienestar o incluso en liberalismos radicales, los socialismos realmente existentes perdieron su contenido primario anticapitalista. Este fue precisamente uno de los grandes debates que dio el Ché con los teóricos rusos, con Mandel, Bettelheim y otros, sobre la famosa ley del valor y su permanencia en el socialismo. Una vez caídos o desmerengados, como dijo Fidel Castro, estos socialismos, han arrastrado consigo la utopía aquella y hasta el propio concepto,  hoy la perspectiva que renace, para eliminar el lastre de aquellos viejos socialismos, es justamente la de anticapitalismo.

 En términos, también generales, podemos decir que se han desplegado tres grandes procesos de lucha en los últimos años en América Latina, sin que necesariamente inicien y finalicen estrictamente en las fechas propuestas para la periodización[2]: una primera etapa conocida como de los nacionalismos o revoluciones nacionalistas que aproximadamente va de los 20 y 30 a finales de los 50; una segunda etapa que confronta a las dictaduras y acompaña el triunfo de la revolución cubana que se extiende de los 60 a los 70 y los 80 para Centroamérica y el Caribe, conocida como la época de los Movimientos de Liberación Nacional y luchas antimperialistas; y una última etapa que eclosiona en los 90 y se presenta en dos caras, por un lado evidentemente los nuevos movimientos sociales y por otro, los gobiernos democráticos posneoliberales o tal vez de la recuperación del estado social.  

                                                                  “Inventamos o erramos” Simón Bolívar. 

“Ustedes, ustedes que tanto imitan a los europeos ¿Por qué no les imitan lo más importante que es la originalidad?” Simón Rodríguez, citado en Eduardo Galeano.[3]

La discusión acerca de que es lo nuevo y que es lo viejo no es, por cierto, nueva. Muchos de los primeros independentistas aunque inspirados y apasionados por las ideas libertarias liberales de occidente, presentían claramente que su correlación histórica era otra y requería de originales y novedosas iniciativas. Morelos, Bolívar, Simón Rodríguez, Artigas, son algunos lanzados que supieron otear el futuro. Las contradicciones del proceso los eliminaron y se impusieron finalmente, tras una lucha cruenta y complicada con los conservadores, los liberales, mas chatos, menos audaces[4] y  que para ello finalmente establecieron un dominio autocrático igual o peor: las primeras dictaduras oligárquicas se generalizaron[5]. En aquellos últimos años del siglo XIX un visionario de espíritu penetrante y torrencial, José Martí, desató una precisa y certera crítica a estos liberales, tan deslumbrados por Europa y sobre todo por Estados Unidos, y afincado en las raíces de Nuestra América construyó tempranamente el camino nuevo para el siglo XX latinoamericano. Para él lo sustancial, lo identitario, lo significante, era crear, era construir, pensar por sí mismo, buscar las claves en el hombre nuevo y natural, en el continente nuevo y diferente, aquello que los liberales despectivamente llamaron “barbarie” y que ellos impregnados de ideas ilustradas irían a “civilizar”. El debate sigue siendo muy contemporáneo. Efectivamente, es asombroso como en este debate, Martí usa los elementos que a finales del siglo XX recuperan su dimensión definitoria. Para él lo nuevo en una palabra es crear de acuerdo a su circunstancia. Reconocer las identidades nuevas y diferentes. Lo viejo es copiar, repetir sin ahondar sobre la propia realidad. Vamos a analizar a las izquierdas del siglo XX con esta premonitoria, así como temprana mirada y definición, gestada desde dentro de una fuerza y visión originaria, que da sentido e identidad a lo nuestro latinoamericano.

Decía Martí en uno de sus textos más imponentes, escrito al calor de la primera reunión panamericana convocada por Washington para construir su “primer consenso” en 1891: “La incapacidad no está en el país naciente,… sino en los que quieren regir pueblos originales y nuevos, de composición singular y violenta con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia. Con un decreto de Hamilton no se para la pechada al potro llanero. Con una frase de Sièyes no se desestanca la sangre cuajada de la raza india.(…) El buen gobernante en América no es el que sabe como se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con que elementos está hecho su país y puede ir guiándolo por métodos e instituciones nacidas del país mismo,… el gobierno ha de nacer del país.

No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza. (…) Gobernante en un pueblo nuevo, quiere decir creador.”[6]

Martí será siempre el mejor ejemplo de una izquierda radical latinoamericana, vigoroso y fértil pensador, visionario de un mundo nuevo. Seguramente el primer intelectual latinoamericano conciente y minucioso detractor del colonialismo interno como el proceso mas perniciosos y castrante de todos.

 En el filo del nuevo siglo, hacia finales del  XIX,  un poco prematuramente nace buena parte de la historia del siglo XX americano y, porqué no decirlo, del siglo XX mundial. Dos hechos, sobretodo, lo apuntan: la intromisión-irrupción norteamericana en la guerra de independencia de Cuba que desembocó por sus características en la primera intervención de carácter imperialista, definido así por el propio Lenin en su decisivo texto sobre el Imperialismo fase superior del capitalismo, en el continente, desde donde la naciente e impetuosa oligarquía financiera yanki se desplegaría sobre América Latina[7]. Fue esta, en 1898, la primera entrada triunfal en escena de la gran potencia Por otro lado, fueron los años también de la llegada al continente de su contraparte: el marxismo.

 El marxismo, o los marxismos, bajaron de los barcos, llegaron a América junto con los migrantes, que los traían a cuestas prendidos entre sus melenas al viento atlántico,  en sus ojos esperanzados y en sus cabezas ardientes las ideas y los sueños, en sus maletas los libros celosamente guardados, en su bolsillos el último volante escondido, en sus manos el temblor de las derrotas, el puño de las huelgas, todo entremezclado con la ilusión de llegar a un mundo nuevo en construcción. Los marxistas, todos ellos, socialistas, anarquistas, bolcheviques, revueltos con muchos otros que simplemente huían del hambre, campesinos pobres la mayoría, obreros, profesores, bajaron de los  barcos que por miles los traían a las costas exuberantes y fértiles.

 El marxismo como cualquier otro conjunto de ideas creadas en occidente, había nacido y se sustentaba en la matriz histórica concreta de la Europa de aquellos años, en sus clases, sus contradicciones y su desarrollo específico, sin embargo contenía una idea incisiva y profunda, una visión precisa e implacable del funcionamiento y constitución del tan idílico capitalismo de los liberales[8]. Permitía una crítica desmanteladora y necesaria para las nuevas luchas, a la vez que traía también el germen de un nuevo mundo sin patrones y explotados. Sin embargo como todo conjunto de ideas tuvo dos caminos: reproducirse aceleradamente, compulsivamente, copiarse y repetirse hasta grabarlo en cada doblez del cerebro y, por otro lado, leerlo cuidadosamente, pensarlo, rumiarlo, mirar por la ventana y ver a los indios y los criollos, a las haciendas y los pueblos,  este mundo tan diferente y entonces extraer lo que a la luz de estas nuevas ideas era pertinente y fundamental para este nuevo impulso.[9]

Por supuesto que al principio ambas acciones eran necesarias: divulgar y analizar. Sin embargo, rápidamente empezaron a agarrar caminos diferentes. Aquellos que no repetían sino construían, aquellos que se preguntaban: ¿que papel juegan los indios?, ¿que hacer si no hay obreros?, ¿por qué luchan los campesinos?, ¿como luchar contra las dictaduras infames?, ¿que es la nación?, empezaron a ser cuestionados, expulsados, señalados, desconfiados porque no repetían mecánicamente. Los más conocidos sin duda, John Reed, Mariátegui, Julio Antonio Mella, José Revueltas, herejes, creadores.

Empezaron a fundarse los partidos, las organizaciones y con ellos a reproducirse las diferencias europeas entre los marxismos y cada uno volteo ansiosamente hacia su capilla. Y el marxismo, este marxismo,  se fue haciendo cada vez más cerrado y dogmático, cada vez mas estéril y esquemático, en la misma medida que sus portadores se fueron subiendo en los barcos y zarpando hacia la fuente originaria en busca de los certificados de pureza. Así les otorgaron allá reconocimiento y constancias de ser comunistas, los únicos y verdaderos, vanguardias, las más adelantadas y genuinas, y partidos obreros, aún sin obreros. Subían a los barcos y llenos de esperanza miraban el horizonte pues regresarían convertidos en los depositarios de la historia, los únicos con garantía y certificado de una revolución proletaria. Iban en los barcos dispuestos a delatar a aquellos que se desviaban de la letra imperecedera e inmutable para obtener los valiosos apoyos y no compartirlos.   

El marxismo este, propiedad de los partidos, que bajó y subió a los barcos  y que por ello dependía de un faro lejano, sus Internacionales, se hizo viejo muy rápidamente, se enquilosó.[10] El marxismo éste muy rápido ignoró que Marx repitió hasta el cansancio que todo proceso lógico-teórico debía como condición absolutamente necesaria reconceptualizarse a la luz del proceso histórico como determinante: “Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de ajustarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual.” Señalaron Marx y Engels en la Ideología Alemana.

Entre muchas otras cosas, este marxismo se hizo viejo porque reprodujo a pies juntillas todas las broncas que allá  cocinaron los marxistas europeos. Su concepción era tan dependiente que entendían que la hegemonía central sobre la revolución en cualquier parte del mundo se definía entre  la segunda y la tercera y la cuarta internacional. Que para poder adquirir un significado y despliegue aquí era imperativo tener o ser parte de una correlación determinada hegemónicamente allá. Como se decía en aquella época la contradicción central y el enemigo principal lo fijaban las grandes internacionales. Por ello muchas veces les consumía toda su energía enfrascarse en los debates netamente europeos, como parte de una disputa mundial que supuestamente determinaba las condiciones de desarrollo de la revolución en el mundo entero, en vez de concentrarse en el trabajo local de organización, desarrollo y apoyo a los movimientos realmente existentes aquí.[11] Y no es que un marxista revolucionario debiera de hacer a un lado e ignorar estos enfrentamientos, sino dejarlos en un marco referencial y nunca como el elemento determinante y condicionante de sus luchas nacionales, o de su misma existencia.  Los certificados de pureza que tan afanosamente buscaron y veneraron se convirtieron en un corsé ceñidor de sus capacidades y muchas veces los lanzó en enconadas y mezquinas batallas haciendo de su enemigo principal al militante de otro de los partidos, ¡todos marxistas!, con una ferocidad implacable, adscritos todos a la teoría del complot a toda costa.

En un interesante debate que se promovió en el PT brasileño en 1991, Tarso Genro planteaba de manera resumida: “El principio de la adopción  de una filosofía, asumida por los partidos comunistas hegemónicos en todo el mundo –denominada “marxismo-leninismo”- permitió que los debates teóricos y filosóficos, en el interior de estas organizaciones y entre ellas, se dieran solamente en torno de quién verdaderamente representaba el auténtico marxismo.  Eso se repitió hasta el agotamiento y puede ser ejemplificado por los innumerables debates entre facciones dentro del PC (…) y aún, en el origen de esta postura ideológica, en los debates de Lenin con los futuros mencheviques, antes de la escisión de 1914, método que persistió inmutable entre totskistas y estalinistas (…). Pero el ejemplo más radical de divergencia entre grupos que reivindican el “marxismo-leninismo” fue el proceso de escisión entre el PCUS y el PC chino en los años 60, partidos que llegaron a poner a sus respectivos países en campos antagónicos con posibilidades de enfrentamiento en el terreno militar.[12] (…)

“Establecido que el marxismo era “La filosofia  del proletariado” y que el proletariado era la clase avocada para la misión de la revolución socialista, el debate se refirió solamente a la interpretación de un determinado patrimonio, cuyos límites fueron sucesivamente complementados: primero por Lenin; luego por el profeta victorioso, Stalin; después para algunos por Mao Tse Tung; finalmente se expresó a través de la total decadencia y vulgaridad de los sub-filósofos Breznev y Enver Hoxa[13](…)

“El marxismo triunfante solo debatía consigo mismo (…) Es curioso notar que a pesar de una crítica pionera, el trotskismo nada produjo de innovador en el campo filosófico, restringiéndose a usar la misma tradición categorial del marxismo triunfante, alterada apenas en su expresión política inmediata.”[14]

“El hábito de ceder embota la capacidad de osar”. José  Martí

“¡Roma es Norteamérica!, ¡Nuestra América es Espartaco!” José Martí

 

“Las burguesías nacionales, que ven en la cooperación con el imperialismo la mejor fuente de provechos, se sienten lo bastante dueñas del poder político para no preocuparse seriamente de la soberanía nacional”. José Carlos Mariátegui.

 

Desde finales de los años 30 para estos partidos lo determinante fue la Segunda GM. Desconociendo a la par de sus dirigentes europeos las fructíferas enseñanzas de Lenin durante la IGM , que decía que no había que enfrentar en la guerra imperialista a obreros contra obreros sino aprovechar la conflagración para enfrentar a los obreros a sus oligarquías, decidieron disolverse como partidos y unirse a sus burguesías en un gran Frente Nacional Antifascista. Los trotskistas por su parte estaban discutiendo si su antisovietismo era primero y era conveniente que el mismo Trotski declarara en la famosa Comisión 10 del senado norteamericano. Los socialdemócratas impulsaban alegremente la guerra.

Los años 30, de la gran crisis, habían sido determinantes para América Latina, el desmoronamiento de Estados Unidos y su retirada táctica del traspatio permitieron a la larga, y en diferentes momentos, la aparición de uno de los procesos históricos determinantes que nunca comprendieron los marxistas de partidos y corrientes: el nacionalismo. Se gestaron los primeros gobiernos nacionalistas y aún más las primeras revoluciones nacionalistas muchas de ellas inspiradas en la temprana revolución mexicana, mas cercana que la rusa para la comprensión de muchos luchadores.

Baste un ejemplo histórico para entender esta compleja coyuntura: la famosa revolución del 30 en Cuba, encabezada por estudiantes del ABC, campesinos y clases medias agrupados por Antonio Guiteras, fundamentalmente nacionalista y antiimperialista,  por algunos militantes como Raúl Roa junto con los jóvenes estudiantes mas radicales y sectores descontentos del ejército[15]. Derrocaron al dictador Machado y constituyeron un gobierno que lanzó los primeros decretos para nacionalizar la Internacional Telegraph and Telephone Company  (símbolo oprobioso en toda nuestra América que después intentará nacionalizar también Salvador Allende), eliminar la humillante Enmienda Platt y hacer una reforma Agraria, pero mientras todo esto sucede,  los comunistas estaban construyendo soviets en algunos ingenios, como el famoso de Mabai, para constituir el Consejo de los soviets, preludio de la verdadera revolución, y frente a las medidas de Guiteras los comunistas sentenciaron que no las apoyaban porque eran pequeño-burguesas y nacionalistas meramente, no socialistas. A los cien días de constituido este gobierno aparece el conocido Batista, hasta hacia poco un oscuro telegrafista del ejército y da su primer golpe de estado con pleno apoyo norteamericano, acorrala y mata a Guiteras junto con muchos mas cubanos, la represión se extiende y alcanza a todos. Para cuando la Tercera Internacional ordena que se constituyan los Frentes Antifascistas, estos comunistas cubanos obedecen, se disuelven como todos los demás en el continente y entran a apoyar y formar parte del gobierno de Fulgencio Batista que ahora en 1940 se elige como presidente legítimo y progresista[16].

Este vuelco o pirueta mortal se realiza en solo 10 años y, mediando sus diferencias locales, es el vuelco que van a realizar prácticamente todos los partidos comunistas de Latinoamérica en aquellos años. En primer lugar cuando se despliegan las revoluciones o movimientos nacionalistas los condenan, pues de acuerdo con su lectura de la teoría clásica son esencialmente procesos campesinistas y pequeño-burgueses, (si bien es cierto que los diferentes nacionalismos tuvieron límites bien precisos que no les permitieron nunca resolver a favor de sus pueblos la contradicción que levantaban con el imperialismo al nacionalizar recursos y recuperar tierras, es decir armar al pueblo para la defensa de sus tierras y recursos naturales recuperados),  también es cierto que los partidos comunistas no supieron vincularse a las fuerzas populares y campesinas para potenciar su caudal revolucionario, mas bien se aislaron en estos procesos. Así pasan de ser los sujetos históricos de la revolución leninista radical a los compadres menores de las burguesías, la mayoría de las veces cuando éstas dejan de ser realmente nacionalistas y potencialmente revolucionarias, para ser asociadas y cómplices del capital norteamericano. Pasarán en general de ser revolucionarios a ser reformistas, con el hábito de negociar todo, en cualquier condición.  En los años 80 pasaran de ser reformistas a ser demócratas a secas.

De aquí en adelante a pesar de la desgarradora historia del continente seguirán fielmente esta vocación y se convertirán en desarrollistas, reformistas y evolucionistas, o etapistas[17] como se les llamó, esencialmente. Y, ¡paradojas de la historia! no por ello en plena guerra fría y dictaduras dejarán de ser reprimidos y perseguidos brutalmente. No apoyaron ni a los nacionalistas, ni posteriormente a los guerrilleros, y sin embargo serán perseguidos, pues la fuente del mal eterno para los norteamericanos que ahora han roto el frente aliado y desatan la guerra fría, son los comunistas. “Los comunistas”, así en genérico,  serán el pretexto para armar y demostrar “las conjuras comunistas”, “la mano soviética”, “la ingerencia del este”, que justifica los golpes de estado y las represiones. La mayoría de las veces los comunistas nada tenían que ver con las luchas del momento, pero eran usados como pretexto. Recordamos como a los 3 días de desatado el Movimiento estudiantil el 26 de julio del 68 la policía fue intencionalmente al local del partido a sacar a los que allí estaban pensando en ¿que hacer?, cuando ni siquiera habían participado oficialmente en la marcha de conmemoración del 15 aniversario al asalto del cuartel Moncada, ni tampoco en el conflicto en la Voca 5, ni en la Prepa 1,  ni tampoco dirigieron las barricadas y quemas de autobuses que se armaron rápidamente en respuesta a la violencia de las fuerzas represoras, sin embargo los señalaron como instigadores y dirigentes. Es más a Gerardo Unzueta y otros los metieron presos porque al otro día se les ocurrió ir a reclamar jurídicamente, de allanamiento a su oficina, en la PGR: ¿¿ ah si??, les dijeron,  pues ¡¡pásele acá con sus compañeros señor, pásele, pásele!!. 

Las  revoluciones nacionalistas se desgranan poco a poco, algunas a contraparte de la gran crisis, otras a la sombra protectora de la IIGM, otras en los años posteriores. Cárdenas precursor; la de Brasil muy temprana con Vargas a la cabeza, el Frente Popular chileno, la de Guatemala con Arbenz, la  gran movilización obrera antidictatorial que levanta a otro sector del ejército con Perón al frente, el MNR en Bolivia, entre otras conocidas, la mayoría de ellas hechas de una compleja mezcla de soldados nacionalistas y campesinos agraristas.  Las reformas agrarias empiezan a despuntar en el continente acostumbrado aún al peonaje y la sobreexplotación. Para muchos el sueño dura solo lo que el retorno del águila norteamericana con sus repuestas finanzas y fábricas repletas les otorga. Algunos gobiernos retroceden y negocian, Ávila Camacho y sobre todo Alemán[18], Perón lo intenta, Vargas lo logra. Otros se mantienen y aún más lanzan sus reformas agrarias y sus nacionalizaciones, se desata entonces el tiempo de los golpes militares sangrientos, cada vez mas sangrientos y brutales para América Latina.  Los marxistas de los partidos, prácticamente todos, criticaron y se aislaron de estas nacientes revoluciones y gobiernos nacionalistas, en aquellos años solo concebían como válida la revolución proletaria, aunque hubiera que disfrazar de obreros a los campesinos, y así mismo fueron arrasados por las dictaduras militares igual que todo el movimiento social.

Al final de la II Guerra mundial, el retorno de la potencia victoriosa marcó el nuevo ciclo en que las dictaduras militares se desparramaron una a una por el continente desde el mismo año en que echó a volar el ave de mal agüero que nacía, la OEA, empezaron con el asesinato de Eliécer Gaitán en Colombia en el 48, seguido por una nueva irrupción en Cuba de Batista en el 52 y la de Marcos Jiménez en Venezuela también, en 54 la más conocida, que sirvió posteriormente de esquema de acción a los norteamericanos, en Guatemala fue derrocado el gobierno de Jacobo Arbenz acusado de comunista, así continuaron hasta cerrar el ciclo fatal en 73 en Chile y 76 en Argentina[19], sin perder de vista los casos en que fue necesaria incluso la intervención armada directa de los EE.UU. como en República Dominicana en el 65 para contener la Revolución popular encabezada por Caamaño. Los partidos comunistas seguían varados en la política de alianzas marcada por los frentes.

En respuesta directa a estas manadas de bestias que depredaban lo mejor de los pueblos en Latinoamérica para plena satisfacción y en acuerdo con las huestes gobernantes norteamericanas, se logra el triunfo en 1959 de la Revolución cubana, que marca claramente una nueva práctica, una nueva concepción, un proceso nuevo que abre el camino, son explícitamente fuerzas nuevas ajenas a los partidos de izquierda tradicional. Frente a esta irrupción de un gran viento fresco y revitalizador, la mayoría de los partidos y organizaciones comunistas, trotskistas, y ahora también maoístas, y todos los ismos restantes, levantaron una ceja dubitativa y mezquina: ¿lucha armada?: mera provocación; ¿campesinos, estudiantes y nacionalistas?, pequeñaburguesía, ultraizquierdista, populista, no llevará a nada, juiciosamente sentenciaron y continuaron impávidos enfrascados en sus profundos debates teóricos, ahora azuzados y aumentados por las divergencias nuevas entre la revolución China declarada pro-stalinista a la muerte del líder y los krushchovianos ahora furibundos anti-stalinistas y los troskistas anti-todos, y todos se reagrupaban en torno a sus internacionales para defender a sus matrices como primer objetivo de su militancia. Mientras tanto en el mundo cobraban un inusitado impulso y fortaleza los movimientos y revoluciones anti-coloniales, los movimientos de liberación nacional.[20]

Señalar, para dejar constancia, unos pocos ejemplos algunos patéticos y ridículos mientras que otros son dramáticos y difíciles, pero todos históricos, de la constante desubicación,  prácticas amañadas y falsas, sectarismo y hasta traición de estos partidos.

En el rubro de lo grotesco tenemos a los Senderistas peruanos que durante la disputa entre la viuda de Mao (la llamada “Banda de los 4”) y Den Siao Ping el reformista, se dedicaron en los pueblos y comunidades a colgar de los postes a gatos y perros con un cartel emblemático al cuello que decía: ¡muerte al traidor Den Siao Ping!, cuando le preguntaban a los pobladores del Cuzco que significaba eso, se reían y decían: es que ese gato, o perro, es muy traicionero y malo, seguro se llama Den Siao Ping. Al final creían que todos los perros y gatos se llamaban así en una misteriosa lengua y había que [21]exterminarlos, el objetivo revolucionario de los senderistas era entonces matar perros y gatos. Lo mismo le sucede a uno de esos múltiples grupos de troskistas que se dedicaron concienzudamente a volantear en los actos de solidaridad con Cuba, (convocados en el “período especial” de los 90, por la Promotora ¡Va por Cuba!), cuando ya ni existía el PCM, ni la URSS; panfletos donde decían que Julio Antonio Mella en realidad había sido asesinado en 1929 por el comandante Carlos, comunista Italiano, a petición de los soviéticos pues en realidad él era un troskista y, aún mas, después asesinó a Tina Modotti pues ella sabía. Uno se pregunta ¿Cuál era el objetivo de esta valerosa acción?, confundir a los solidarios con Cuba, denunciar a los ya inexistentes comunistas, volver sobre la falsa percepción de que primero había que señalar que Cuba era pro-soviética y no solidarizarse???. Otra anécdota parecida es la de ese estridente joven que, a pesar de que tiene unos 25 años en el 2003, es decir que no ha vivido los años 30, ni 40, ni 50 auge de los debates trotski-stalin, y que está hablando en un mitin en contra de la intervención norteamericana en Irak se las arregla para hablar 5 minutos sobre este bárbaro hecho y pasa después 15 más hablando de que en realidad el verdadero imperialismo fue el soviético. Enfermizas obsesiones. Como estas, cientos de anécdotas pueblan nuestros recuerdos. El sectarismo es su constante,  como cuando en el primer proceso de amalgamiento de las izquierdas mexicanas en los 80, el PSUM, los empanfletados y teóricos excomunistas bautizan despectivamente a los compañeros del PPM “la Ola Verde” pues para ellos eran puros campesinos ignorantes levantadedos, y exigen recortar su presencia para con ello asegurarse el control del aparato. ¡A la inmaculada vanguardia le costaba mezclarse y compartir con el “populacho”![22].

En el rubro de los sectarismos y traiciones graves frente a las luchas que se desplegaron en los años 60 y 70 sobre todo, frente a las dictaduras, los hechos adquieren otra dimensión, el más conocido y documentado es el hecho de la ladina y perversa disputa por la hegemonía y dirección que desata Monje, secretario general del PC boliviano, contra el comandante Ernesto Ché Guevara, lo cual llevó al aislamiento a la guerrilla con las consecuencias fatales conocidas, cuando en realidad este oscuro personaje ni siquiera tenía la convicción de la lucha armada. Este hecho marcó claramente el derrotero de la inconmensurable brecha entre las posiciones de los PC y los Movimientos de Liberación Nacional (MLN). Así, no sorprenden las cartas del brasileño Carlos Prestes, el “Caballero de la Esperanza”, Secretario general del PC, pidiéndole a los dirigentes del PCUS que  le prohíban a los cubanos invitar y tener contacto con Carlos Marighella, para entonces ya dirigente de la Disidencia Comunista,  futuro creador de la ALN y miembro de la OLAS y la Tricontinental[23]; ni tampoco las cartas de Petkoff, secretario general del PC, en Venezuela contra Douglas Bravo; ni las declaraciones de que el Ché era un provocador agente de la CIA  tanto por el PC argentino como hasta por Lombardo Toledano en México.[24] La obsesión hegemónica fue devastadora. Un último ejemplo me viene a la cabeza al recordar como en aquellos días chilenos del año 71, ya impregnados de la violencia cotidiana que desplegaban las bandas de momios fachos y del desgarramiento de las fuerzas de la UP, cuando el PC Chileno bajó la instrucción a sus militantes de boicotear el acto de despedida de Fidel Castro en el estadio nacional, porque estaba radicalizando el proceso, a pesar de esta orden de no asistir a una numerosa y disciplinada militancia, el estadio se abarrotó. Las advertencias de Fidel en aquel momento trágicamente adquirieron dimensión histórica. 

Siempre hay que decir sin reservas que, si bien todas las embalsamadas cúpulas de estos partidos y organizaciones fueron muy parecidas entre ellas, muchísimos de sus militantes fueron muy abnegados, disciplinados, honestos y dedicados, generalmente ajenos a estas pestilentes praxis, perseguidos y encarcelados. También hay que señalar que hubo diferencias entre los  partidos, lo cual ameritaría otro debate.

No quisiera, por otra parte, aparecer como una anti-partido a secas, en realidad creo que la integración en una organización política, la formación y el estudio, la cercanía con experiencias de fábrica, de volanteo, de expediciones múltiples, el infatigable pago de cuotas, las reuniones secretas de célula, la cofradía conspirativa, la tinta de la imprenta en las madrugadas, el contacto con otros camaradas del mundo como se decía, etc, etc, fueron y deben ser fundamentales para forjar los espíritus adelantados que pedía Martí, que también organizó un partido para la independencia de Cuba y Puerto Rico. No creo en la militancia vía Internet en la quietud de la casa. Mucho menos en el pago a los militantes para realizar actividades, no creo en el partido clientelar y de cuotas de género o etnia, o las que sean, en el partido-empleo mucho menos. Fueron y siguen siendo lo mas vetusto y decadente, corrompen la actividad política cotidianamente.

Tampoco creo que las críticas a los partidos deban centrarse en el aquelarre de las tenebrosas cúpulas burocráticas sedientas de estatismo y poder del estado, que reflejan esencialmente la misma crítica que a la URSS. Burocracia fue y es un problema grave. Burocracia abundó, y abunda por todas partes, en la derecha y en la izquierda, en los grandes partidos y en las sectas, entre demócratas, en los sindicatos, corporativos o no, en los movimientos, en las iglesias, en las universidades, en muchas agrupaciones sociales, en los ejidos, en los periódicos. Los partidos no fueron solo pequeñas réplicas del burocratismo estatal triunfante, en su supuesto afán estatal de poder, si bien discutían acerca de las características de un estado proletario, y aún algunos aceptaban teóricamente la dictadura del proletariado antes de volverse totalmente eurocomunistas y demócratas,  en realidad esa crítica me parece incluso ilógica pues estos partidos por lo general no desarrollaron, desde los años de los Frentes, ninguna medida revolucionaria concreta para la toma del poder, ni siquiera construyeron una estrategia específica de acción encaminada al derrocamiento de las oligarquías, lo cual hubiese implicado evidentemente contemplar no solo las posibilidades electorales, sino que frente a las dictaduras una serie de medidas de tipo insurreccional[25].                 

El poder para ellos fue más bien una ensoñación o nebulosa teórica de apasionado debate, pero nunca un ejercicio práctico real, de lo contrario necesariamente deberían de haber analizado, bajo otra mirada, los factores históricos de su entorno social y político.  En realidad sus circulares elucubraciones sobre la inmutable necesidad de una perfecta revolución proletaria los encaminaron a concluir siempre que aún no había condiciones para la revolución o asalto sobre el poder o a veces ni siquiera para una resistencia contundente y, por lo tanto, lo factible era fortalecer a una imaginaria burguesía nacional para que a su vez consolidara un posible obrero-sujeto histórico, en el camino se asociaron con la idea del estado benefactor[26]. Por todo ello creo realmente que el punto nodal fue su incapacidad por convertir al marxismo en un instrumento creador, por lo tanto revolucionario, que les permitiera construir con sus propias fuerzas un proceso de confrontación radical.

Así fue también que cuando irrumpió la revolución cubana, fueron mezquinos con ella e incapaces de asimilar su contundente impacto en América Latina.        

“Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo” Fidel Castro, 1ª de mayo del 2001     

Una definición de esta índole, vista a la luz de los manuales y algunos textos doctrinarios, seguramente merece el calificativo de ecléctica, por lo menos. Pero es un excelente ejemplo de cómo construyó sus propias ideas y principios una izquierda nacionalista, anticapitalista, antiimperialista,  socialista y además triunfante en América Latina. Esa izquierda que no estuvo generalmente en esos partidos anquilosados, esa izquierda que recorrió ansiosa las posibilidades de entender a nuestros pueblos y sus veredas históricas, esa izquierda que también algunas veces se encoraginó dentro de sus partidos y alcanzó a arrastrar a una parte hacia luchas mas radicales. Mil veces fraguaron los cambios posibles por caminos nuevos y se enfrentaron a un enemigo despiadado en condiciones muy disparejas.

Decimos que esta es la otra izquierda, también marxista pero sin certificado, que se devanó los sesos para no perder a Marx entre las abismales diferencias de nuestro capitalismo dependiente, bananero y ganadero, petrolero y semindustrial, hoy maquilador, siempre volcado a satisfacer las crecientes necesidades de acumulación en las metrópolis; entre la lejanía de nuestras clases tan impregnadas de etnías y pueblos originales y negritudes apalencadas y mestizos desarrapados o letrados que miraban hacia los criollos, siempre dominantes, tan exiguas de obreros con tradición y no corporativos[27] y con burgueses tan rentistas y cortoplacistas. Esa izquierda que buscó no solo entender sino que se la jugó abiertamente  por las calles y montañas encrespadas. Esa izquierda, muchas veces no definida primigeneamente por el marxismo, sino  que fue construyendo la visión latinoamericana plasmada magistralmente en Las Venas Abiertas[28], que no en balde concita la enfermiza descalificación de la derecha y sus intelectuales.   Me refiero a un contingente muy significativo y fértil que integra desde múltiples pensadores, diversos teóricos, pintores, músicos, novelistas, poetas[29], curas de los pobres como Boff y  militares nacionalistas como Lamarca, hasta los propios Movimientos de Liberación Nacional y otros movimientos sociales.

Tal vez uno de los primeros y mas destacados fue Aníbal Ponce[30], quién junto con Mariátegui se mete al marxismo, probablemente no desde la política ni la militancia como el peruano, pero curiosamente desde la ciencia como consecuencia de la admiración que le tenía su maestro José Ingenieros a la revolución rusa. Ponce, médico, psicólogo, educador, concibe tempranamente el marxismo y la revolución como un humanismo y a la educación como una lucha de clases, parafraseando sus libros mas conocidos. Escribe: “La obediencia del hombre a sí mismo, que es el fundamento de la razón sin trabas, exige a su vez la única virtud que puede darle vida: el culto de la dignidad personal como norma directriz de la conducta. Nada que pueda merecer un reproche, nada que pueda significar una obsecuencia. Ahogar para eso las ambiciones mezquinas, los anhelos pequeños, el apetito de tantas cosas sin corazón ni belleza. Vigilarse por eso sin piedad, hacha en mano como quien cruza una selva. Si el camino es largo, más larga es la dicha de marchar por el.” Increíblemente pareciera algo escrito por otro argentino obsesionado con la dignidad: el Ché.  Este es curiosamente el mismo camino de otro incontenible pensador, Franz Fanon, también médico, también siquiatra, también conmocionado por los Condenados de la Tierra, que levanta una muy poderosa voz contra todas las formas perversas de colonialismo.

Estos autores, y muchos otros de este entramado fértil, como el cubano Ramiro Guerra, el brasileño Caio Prado, el chileno Julio César Jobet o Sergio Bagú también argentino y José Revueltas en México, fueron los que abonaron tempranamente para la consolidación de lo que probablemente fue una de las mayores aportaciones de esta izquierda, de este tipo de marxismo herético, en el terreno de la creatividad teórica imprescindible, y es la conocida Teoría de la Dependencia. Que logra el estatuto de teoría pues efectivamente representa un conjunto estructurado de hipótesis, investigaciones, definiciones y conceptos interrelacionados sobre diferentes dimensiones de la realidad histórico política social y económica de América Latina en su particular proceso de inserción histórica en el mundo, como efecto de la conquista. La integran además diferentes vertientes teóricas, diferentes enfoques, debates intensos que fueron creando de manera original el pensamiento crítico latinoamericano mas avanzado del siglo XX.

La Teoría de la Dependencia en estricto sentido se nutre en primera instancia, además de sus precursores ya señalados, de la también muy conocida Teoría Cepalina o Teoría del Desarrollo, que a su vez fue el primer gran logro del pensamiento propiamente latinoamericano cuya fuente inspiradora son los grandes movimientos nacionalistas de los años 30 a 50, inspirados a su vez, en gran medida por la revolución mexicana y además como una respuesta nacional-regional frente al desarrollismo fatalista y evolucionista, amarrado a la dizque “ventaja comparativa” que ofertaban las potencias. Por primera vez realmente un grupo importante de pensadores de manera colectiva, simultánea y clara frenó la aplicación inmediata de la panacea traída allende las fronteras nuestras, se puso a pensar con cabeza propia y generó una visión sistémica del funcionamiento del capitalismo, a la luz desgarradora de la crisis y el keynesianismo logró ver el fenómeno de la acumulación mundial claramente y forjó un concepto ineludible: centro-periferia, que determina implacable el deterioro constante de los términos del intercambio. Sin embargo estos autores sostenían como su utopía realizable que se podría romper el sentido perverso de la acumulación mediante la industrialización y en los marcos del desarrollo nacional capitalista podría lograrse una democracia avanzada con un crecimiento económico de importante distribución social[31].  No partían del marxismo, pero llegaron a entender desde el ámbito de una defensa del desarrollo propio, los fenómenos depredadores del capitalismo mundial. Hoy día sus planteamientos pueden parecer incluso mas radicales y consistentes que los de aquella izquierda marxista que convergía hacia el desarrollismo, pues estaba convencida de que América Latina se debatía esencialmente en el feudalismo aún en las primeras décadas del siglo XX,  y había que pasar a la siguiente etapa con el apoyo de la naciente burguesía, o bien buscaban las definiciones de un “bonapartismo” recurrente.

Todo nuestro esfuerzo está destinado a invitar a pensar, a abordar el marxismo con la seriedad que esta gigantesca doctrina merece. Ernesto Che Guevara1962.

El rigor conceptual y metodológico: a esto se reduce en última instancia la ortodoxia marxista. Cualquier limitación al proceso de investigación que de allí se derive no tiene ya nada que ver con la ortodoxia, sino tan solo con el dogmatismo.

Ruy Mauro Marini. 1973

El proceso de industrialización real que construyeron las burguesías dominantes (ya fueran civiles o militares) y que se tradujo en los llamados “milagros económicos” de los años 50 y hasta mediados de los 60, muy pronto mostraron las enormes deformaciones estructurales que conllevaban, volcados a repetir el esquema exportador, basados en la sobreexplotación de la mano de obra y recursos, dominados centralmente por el capital trasnacional, no lograron el tan deseado desarrollo y reprodujeron el esquema anterior, sin lograr ni siquiera ampliar significativamente los mercados internos, manteniendo salarios misérrimos sobre la base del control sindical férreo. Se seguía produciendo fundamentalmente para el mercado extranjero a base de sueldos bajísimos, así los milagros pronto se convirtieron en pesadilla. Este contradictorio proceso económico que ya empezaba a mostrar las primeras señales de estancamiento profundo, aunado a las brutalidades políticas de estos regimenes y a la aparición fulminante de la Revolución Cubana, fueron el detonante social de la producción intelectual  mas generosa realizada hasta nuestros días por los latinoamericanos a la par de una muy importante ola de rebeliones, huelgas, movilizaciones de todos los actores sociales, y lucha armada. Sin duda este muy amplio abanico representó una nueva izquierda que se ponía en marcha.

Justo será decir que por primera vez incluso esta amplia corriente del pensamiento logró impactar a occidente y entre sus muy diversos integrantes se cuenta con reconocidos norteamericanos como los dos Paules, Sweezy y  Baran, André Gunder Frank y Wright Mills, el sueco Gunar Myrdal, el Italiano Gino Germani, el francés Maurice Dobb, el belga Houtart, el árabe Samir Amin, por mencionar a los mas conocidos. Los temas de la modernidad, del estructuralismo, del carácter del estado, de la conformación específica del capitalismo latinoamericano y de sus clases sociales se plantean en un intenso debate.

Al realizar un balance crítico sobre la propia teoría de la dependencia a 20 años de su surgimiento, Ruy Mauro Marini señala que: “La teoría de la dependencia  se conformó, en parte, con base en ese proceso crítico hacia el desarrollismo, aunque también en función de las críticas que suscitaba la estrategia política de los partidos comunistas latinoamericanos que privilegiaba a la revolución en etapas y la colaboración de clases, en la línea establecida por la ya extinta tercera Internacional. Para muchos integrantes de la nueva corriente de pensamiento es posible, incluso, afirmar que fue la crítica a los partidos comunistas la que condujo a la impugnación del desarrollismo. En efecto, carentes de teorización propia, dichos partidos se apoyaban en el análisis económico cepalino y lo hacían con mas razón aún porque éste les proporcionaba elementos de cuestionamiento a las relaciones con el imperialismo y una propuesta nacionalista que parecía justificar el frente único obrero-burgués, cuya formación se constituía en el eje central de su política”[32] En ese mismo texto Ruy Mauro ha llevado la crítica también al inmovilismo, por decirlo de alguna manera, que elaboraron los PC como política de respuesta frente a los golpes de estado, así como su calculada distancia de la revolución cubana.  Ambos procesos requerían de una respuesta totalmente diferente por parte de las izquierdas en general y sobre todo de las izquierdas marxistas. “En un continente conturbado, la revolución cubana sacudía hasta los cimientos la dominación norteamericana y sembraba el pánico entre las clases dominantes criollas.”

La Revolución Cubana, su triunfo en las ya difíciles condiciones de la guerra fría, rompió los tabues de buena parte de la izquierda empanfletada. Determinó en primer lugar que la contradicción existía, que el sujeto histórico era de carne y hueso, aunque no coincidieran con los suyos, que el campesino y la patria podrían ser el vehículo de esta confrontación anticapitalista en el fondo. Esto marcó lo que ya sabemos: era posible una revolución, era posible triunfar, aparecía victoriosa una revolución “orillera”[33] de nueva cuenta. Es decir una revolución realizada en las orillas subdesarrolladas del capitalismo donde las contradicciones se agudizan violentamente y donde los sujetos revolucionarios son sobre todo campesinos y estudiantes, nacionalistas. A los pocos años esta revolución se tornó en una verdadera herejía fundante al proclamar su carácter socialista en medio de una invasión norteamericana  que sería derrotada de manera fulminante. Y este es el gran paradigma paradójico de los cubanos, una revolución nacionalista, campesina, pero profundamente antiimperialista se debe tornar necesariamente en socialista. Por esto la empezaron a mirar con recelo tanto los socialistas de manual pues les robaba la patente de exclusividad socialista, así como a su vez los nacionalistas,  pues demostraba que la única posibilidad real de recuperar y mantener los recursos de una nación, incrustada en el traspatio imperial, para trazar el rumbo propio del desarrollo era mediante la radicalización y el socialismo. De hecho los únicos saltos autónomos en el desarrollo económico en el siglo XX los protagonizaron los países socialistas, sino basta mirar a China hoy día[34].

La Primera y la Segunda declaración de la Habana, la intervención del Ché en la reunión de Punta del Este, la crisis de Octubre y la manipulación de Krushchov[35], todos estos acontecimientos llevan las cimientes de  los nuevos e imprescindibles enfoques para mirar hacia los pueblos latinoamericanos en sus configuraciones y contradicciones del capitalismo dependiente, las verdaderas correlaciones de fuerzas, las nuevas formas de intervención directa e indirecta y el carácter de la ALPRO norteamericana, la monopolización y trasnacionalización de las economías, el espejismo desarrollista y el compromiso de las oligarquías exportadoras locales, la consolidación de la santa trinidad: terratenientes, militares e iglesia en los golpes de estado, el papel del bloque socialista, los nuevos caminos y formas de lucha en el continente.

De Cuba vino también la única teoría estructural y compleja sobre la construcción del socialismo en las condiciones específicas de América Latina y el Caribe que se ha producido hasta ahora. En numerables y abundantes escritos el Che fue perfilando una opinión muy propia del funcionamiento en general de las economías socialistas existentes en aquel momento, así como la crítica a los manuales clásicos nikitinescos del cálculo económico y por lo tanto llegó a elaborar una propuesta propia conocida como el Sistema de Financiamiento Presupuestario. Uno de los ejes centrales de estas reflexiones corría sobre el uso de la ley del valor (mercado) en las economías socialistas y la necesidad perentoria de la aniquilación de las categorías capitalistas, sobre ello debatió con los grandes economistas del momento. Este es probablemente el lado teórico, minuciosamente anticapitalista constructor de nuevas relaciones sociales, más fecundo del Che  y es por ello el que más meticulosamente han tratado de ocultar o soslayar los divulgadores oficiales del pensamiento, los sacristanes de la derecha por supuesto y de la izquierda también[36]. Este fue un hecho totalmente nuevo en las capacidades de la izquierda latinoamericana. El Che percibía claramente: “En este periodo de construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada, no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas (…) Lo importante es que los hombres van adquiriendo cada día más conciencia de la necesidad de su incorporación a la sociedad y, al mismo tiempo, de su importancia como motores de la misma.[37]” El hombre nuevo aparecía en el horizonte de la mano de una nueva izquierda. No en balde el Che sigue siendo la imagen mítica que acompaña siempre a los jóvenes.

Sería imposible e injusto en un espacio tan reducido tratar de plantear el caudal de nuevos conceptos, análisis o configuraciones que este conjunto de hechos y capacidades subjetivas arrojó como reto intelectual y caminos de lucha, todo aquello que se englobó como teoría de la dependencia[38] y derivados. Por muy breve que sea el recuento, se hace necesario señalar a los brasileños Ruy Mauro Marini, Florestan Fernández, Cardoso, Teothonio Dos Santos, Vania Bambirra Octavio Ianni, Darcy Ribeiro;  al ecuatoriano Agustín Cueva; a los argentinos Alberto J. Plá, Tulio Halperin, Portantiero, Carmagnani, Emilio de Ipola, Tomás Vasconi e Inés Reca; los uruguayos Anibal Quijano y Galeano; Edelberto Torres Rivas guatemalteco; los bolivianos René Zavaleta y Rubén Vazquez Díaz; los colombianos Orlando Fals Borda y Camilo Torres; el panameño Ricaurte Soler; de Puerto Rico Manuel Maldonado Denis y de Nicaragua Donald Castillo; los venezolanos Ludovico Silva y Heinz Sontag; de Haití Susy Castor y Gérard Pierre Charles;  los chilenos Pedro Vuskovic y Guillermo O’Donell; los teóricos de la Teología de la Liberación, de los CEB’s,  como Leonardo Boff, Dom Pedro Casaldaliga, Gutiérrez, Frei Betto, Camilo Torres, Ernesto Cardenal, Paulo Freire, Don Sergio Méndez Arceo, y en general incontables otros a lo largo y ancho de llanos, selvas y cordilleras.

El caso de México fue muy particular pues en realidad la mayoría de estos hombres y mujeres eran errantes peregrinos que perseguidos en sus países escaparon poco a poco, pasando muchos por el Chile de la unidad popular y se refugiaron finalmente en México, lo cual permitió la confluencia en un espacio determinado de un enorme potencial latinoamericano de otra manera disperso. Aquí se desarrolló no solo lo más nutrido de esta teoría, sino que los mexicanos aportaron en algunos casos, la experiencia específica de nuestra circunstancia y además se abrió un debate mucho mas enconado. En nuestro país se formaron grupos diferenciados con puntos de vista propios, como lo fueron entre los mas conocidos, los llamados desarrollistas radicales, bajo Rolando Cordera, Orive de Alba y Arnaldo Córdova, una mezcla curiosa de maoísmo, nacionalismo y gramscianismo[39]; y por otro lado el sólido grupo Estrategia que desarrolló los conceptos de capitalismo del subdesarrollo, imperialismo y capitalismo monopolista de estado, bajo la sabia conducción de Alonso Aguilar y Fernando Carmona, pensadores muy rigurosos en la comprensión de un marxismo crítico y fructífero. Sin pertenecer a grupos específicos se desplegaron pensadores que permanecen algunos hasta nuestros días marcando o abriendo, o tal vez recuperando, las posibilidades conceptuales de analizar el mundo globalizado, como José Luis Ceceña, Ricardo Pozas, Aguirre Beltrán,  Pablo González Casanova o  Rodolfo Stavenhagen, estos dos últimos sobre todo han sido reconocidos como los fundadores de una sociología mexicana, con capacidad teórica y crítica propia, por ejemplo los textos de la Democracia en México y las Siete tesis equivocadas sobre América Latina son textos clásicos ineludibles para las ciencias sociales[40].

Me refiero entonces a una compleja y abigarrada masa de pensamiento crítico nuevo y activo que no solo articula un pensamiento crítico sino que logra conectar e impulsar al mismo tiempo nuevas posibilidades de transformación y acción. Seguramente, hay puntos a debate, cabos sueltos que reforzar, planteamientos en vilo a la luz de nuevos procesos, sin embargo y muy lamentablemente a raíz de la caída del muro de Berlín y la conversión de muchísimos “comunistas” al canto de sirenas modernas y neoliberales[41], la teoría de la dependencia fue expulsada, condenada y eliminada de las academias, en un vano intento por abjurar de la historia misma del siglo XX y el molesto predominio del marxismo en general y en particular del marxismo latinoamericano nuevo y diferente vinculado a los procesos revolucionarios encabezados por los movimientos de Liberación Nacional.      

“El rechazo a la integración y al sometimiento frente al imperialismo o al gran capital constituye, ahora como entonces, el llamado a la lucha de clases característico de una sociedad dependiente, en donde confluyen los antagonismos de clase con las contradicciones derivadas de la dominación imperialista, personificada en el capital extranjero en la deuda o en las invasiones armadas directamente. La situación de dependencia estaría explicando aquí un aparente rodeo en la confrontación de los antagonismos de clase y la presentación de las reivindicaciones populares como luchas nacionalistas en contra del extranjero más fuerte y con pretensiones de disponer sobre recursos, vidas y el mandato soberano de la nación” Ana Esther Ceceña, 1995.[42] 

“Y, como consecuencia, en la medida que las estructuras económicas y de poder están comprometidas o determinadas por la dependencia estructural, las relaciones y contradicciones de clases son también penetradas por las mismas determinaciones. En suma, la propia lucha por el poder político y el control de los centros de decisión sobre política económica pasa a plantearse en términos totalmente nuevos.” Octavio Ianni.1973.

“…por el camino de la polémica suele criticarse a aquellos que quieren hacer la guerra de guerrillas aduciendo que se olvidan de la lucha de masas, casi como si fueran métodos contrapuestos. Nosotros rechazamos el concepto que encierra esa posición; la guerra de guerrillas es una guerra del pueblo, es una lucha de masas. Pretender realizar ese tipo de guerra sin el apoyo de la población es el preludio de un desastre inevitable.”  Ernesto Che Guevara. 1960

Desde mediados de los años 50 se inicia un auge del movimiento revolucionario antidictatorial e insurreccional guerrillero, los primeros actores están en Colombia, en Venezuela y en Cuba. Se abren tres caminos aparentemente iguales que desembocan en procesos totalmente diferentes. En los dos últimos casos se culmina con un triunfo. Venezuela será el modelo nacionalista-liberal, que acabará suscribiendo la ALPRO ejemplarmente junto con Chile, mientras que Cuba se radicalizará llegando al socialismo, Colombia sigue en el camino. Con ello se abre un momento histórico para las luchas revolucionarias encabezadas por los Movimientos de Liberación Nacional que rechazan la conformación simplemente de gobiernos liberales y se lanzan más allá, la mirada puesta en un horizonte histórico mas audaz. No hay prácticamente ningún país de América Latina en el cual no se organicen e irrumpan estos movimientos, protagonizando un proceso complejo y difícil enfrentándose a las genocidas dictaduras. Momento que solamente se cerrará a finales de los 80 con el ciclo centroamericano, que trajo un saldo complejo: una revolución triunfante, la nicaragüense, fracturada y desgastada en una guerra de intervención brutal y contaminada de corrupción, con la consecuente pérdida de las elecciones; una revolución casi triunfante, la salvadoreña, atajada durante 10 años de guerra y finalmente negociada, y una revolución de mas de 30 años de duración, una de las mas heroicas y significativas del continente, que arrojó la inaudita cifra de 30, 000 desaparecidos y cerca de 100, 000 muertos, la Guatemalteca.

Como certeramente apunta Ana Esther Ceceña, la muy particular condición de dependencia ha deformado las estructuras y, en consecuencia,  las contradicciones de clase como motor de lucha no se expresan de la misma manera unilineal capital-trabajo, sino mas bien a través de la percepción encolerizante que la rapiña sobre las riquezas de la nación impone el capital extranjero. De estas riquezas en primerísimo lugar esta la tierra, la pachamama misma, y lo que de la tierra surge. Mamita Yunai[43] duele en la dignidad, no solo en los salarios. Por ello mismo las Reformas Agrarias se convirtieron en la confrontación directa con los intereses norteamericanos a la vez que el vehículo de las revoluciones. Muchas veces esta estructura deformada hizo creer también a los desarraigados de la tierra que marcharon a las ciudades en busca de trabajo, que las empresas y fábricas aunque trasnacionales muchas, eran fuente de empleo y sobrevivencia, mientras sus sindicatos los entrenaban minuciosamente en el eterno agradecimiento por el empleo concedido. La nación perdida, la tierra mancillada, los campesinos arrojados, los recursos secuestrados, conforman claro está la primer y mas aguda contradicción. Mucho más si al extranjero se unen los dictadores y las estrechas oligarquías terratenientes. Esta fue la condición de lucha de clases que impulsó a los Movimientos de liberación Nacional.

En mi comprensión esta sería la nueva izquierda en aquellos años 60 y 70 y para Centroamérica los 80.  Fruto de esta nueva izquierda, fueron varias revoluciones triunfantes, por lo menos la Nicaraguense,  la Granadina y la Jamaicana. Fruto de esta nueva izquierda fue la denuncia irrebatible en contra de las dictaduras y sus oligarquías asociadas, el desenmascaramiento de la pretendida doctrina de seguridad nacional dirigida desde EE.UU., el fin de los autoritarismos y la barbarie que desplegaron. Fruto de esta nueva izquierda las esperanzas mas cercanas al cambio imposible y aún al posible, pues abonaron el camino de retorno de las llamadas democracias. La lucha arrinconó a tal grado a las oligarquías fachas, momias y militarizadas, que se demostró su verdadera esencia y nada detuvo su caída, aún mas, tal fue el grado de su descomposición que en algunos casos los propios norteamericanos se encargaron de quitarlos pues se convertían obviamente en catapultas de la revuelta. El caso del feroz dictador dominicano, Trujillo, devoto del Sagrado Corazón,  eliminado en 1961 bajo indicaciones de la CIA es muy significativo y más aún el hecho de que el empuje revolucionario fue tan fuerte que solo la intervención directa de los marines norteamericanos pudo detenerlo.

Los procesos y pactos del perdón y olvido que firmaron apresuradamente los militares terroristas de estado con las burguesías de estado, selló su retirada y el retorno de los civiles con las amnistías y las reformas a los procesos electorales.

No es de ninguna manera como sostienen muchos autores, de entre los arrepentidos y los detractores[44], que las luchas guerrilleras precipitaron los golpes de estado, fue exactamente al revés los golpes generaron la respuesta guerrillera [45]. Los golpes, como enumeramos antes, se les vinieron encima a los nacionalistas, populistas, demócratas desarrollistas, que no atinaron a dar una respuesta contundente pues implicaba armar al pueblo. El pueblo se tuvo que armar como pudo para dar respuesta. La lucha fue centralmente antidictatorial, muy antiimperialista y algunas de estas organizaciones incluían una perspectiva de construcción del socialismo. La mayoría, no todas, eran hijas ideológicas de esta izquierda guevarista. Así nacieron las FALN; las ALN, los ELN, los MR-8, la Polop, el MIR, el EGP, el ERP, los Montoneros, los Tupas, la ORPA, la URNG,  los Macheteros, los Caamañistas, los Sandinistas, los Farabundos  y tantos otros, tantos y tantos.  Son los años en los cuales la izquierda en su conjunto debatió ferozmente en torno de la lucha armada, de las diferentes vías para realizarla, de la posibilidad del triunfo revolucionario, del sujeto histórico en movimiento, del carácter del imperialismo, del carácter de la lucha, del carácter del estado de contrainsurgencia o el autoritarismo burocrático militar. En Cuba se fundó la OLAS y la Tricontinental, como un amplio espacio donde confluían, debatían y crecían las organizaciones radicales y las armadas. La mayoría de los partidos comunistas rechazó la lucha armada, al grado que algunos muy conocidos, incluso, se confabularon y actuaron en contra de ella, a la vez que seguían manteniendo su letanía constante sobre el proletariado y el etapismo reformista desarrollista, así como su inconmovible dependencia del PCUS.

En México a principios de los 50 se desató la charrificación sindical mediante verdaderos golpes militares a sus direcciones y al mismo tiempo se implementó la contrarreforma agraria, trancas contundentes al cardenismo, desde finales de los 50 la represión violenta marcó el destino de los grandes movimientos de ferrocarrileros y  maestros, esta fue la réplica constante a todos hasta el genocidio del 2 de octubre de 68. En respuesta los levantamientos se eslabonaron desde el 62 con Jaramillo, el 65 con el asalto al cuartel de Madera, hasta llegar a Genaro Vázquez y Lucio Cabañas como símbolo de tantos otros guerrilleros de los 70’s. En nuestra particular historia el populista y “aperturo” de Echeverría (con el cual trabajaron por cierto algunos conocidos exPC, como Arturo Nateras, Rodolfo Echeverría y otros) se encargó de establecer el estado del terror y las desapariciones, por las cuales seguramente nunca será juzgado. El apurado y lagrimeante López Portillo se vio obligado a realizar una reforma electoral orquestada por Reyes Heroles, pues ya no alcanzaba de ninguna manera a legitimar la permanencia en el poder.  

Seguramente esta izquierda cometió errores, errores que pagó con su vida, la cárcel y el destierro. Basta recordar los nombres de Turcios Lima, Fabricio Ojeda, Farabundo Martí, Carlos Marigella, Lamarca, de la Puente, los hermanos Peredo, el Ché, Masetti, y tantísimos más. Son cientos de miles esparcidos, asesinados brutalmente, torturados, enajenados de sus propios hijos, desaparecidos, que es la categoría más brutal de la exclusión que ejerce el estado. En Guatemala, en Argentina, en Chile, en Uruguay, Paraguay, Bolivia, en todo el continente. La bestialidad de las dictaduras en las que se confabularon las oligarquías, los militares, las iglesias y el gobierno norteamericano con sus múltiples agencias, el terreno yermo y aniquilado que dejaron, la violencia ejercida para la derrota[46], no significan de ninguna manera que tuvieran la razón y que los asesinados y vencidos estaban equivocados. Los eternos reformistas que muchas veces cohabitaron con las dictaduras sentenciaron de manera muy oportunista: “evidentemente no había condiciones”, los que muy prudentemente se mantuvieron al margen de esta resistencia radical dijeron “luchas pequeñoburguesas de inflamación ideológica”. 

Otros de los sobrevivientes han hablado de militarización como el principal error, otros de verticalismo y falta de participación, otros de carencia de contactos con el movimiento social, aún otros hoy día dicen que el principal error fue buscar el poder y construirse como réplica del poder[47], tal vez algunos tienen razón, probablemente otros exageran y finalmente muchos con ello justifican sus actuales posiciones. Alguna vez leí de Benedetti que señalaba en una entrevista: “Ni todos nuestros errores juntos suman la centésima parte de lo que la represión brutal significó en la derrota”. También escuché a Octavio Ianni, decir en su conferencia magistral en Guatemala en el  congreso de ALAS: “No se puede pasar por alto que en todo el continente no hubo un solo movimiento social o lucha, por pequeños que fueran, que no fuese brutalmente desmantelado, no podemos olvidar esto”.

La derrota efectivamente bordó sus terribles consecuencias, la principal fue probablemente la enorme derechización que sufrió la mayor parte de la izquierda en todos sus ámbitos, el académico, el de las organizaciones políticas y los movimientos sociales en los años 80 y 90, mediante un total desmantelamiento de su capacidad teórica de respuesta y elaboración, con las consecuencias que implicó en su despliegue práctico. La “nueva derecha” aprovechó como nunca este proceso para lanzar junto con la mayor dominación mediática nunca vista la gran campaña del capitalismo triunfante y el eterno presentismo como horizonte real histórico.

Sin embargo como bien señaló Marx el viejo topo nunca deja de cavar sus túneles en la historia de la humanidad por mas oscuros y cerrados que se perciban los tiempos de la tierra. Con los nuevos modelos de acumulación, con el nuevo liberalismo, con la nueva derecha, con la nueva globalización, el nuevo orden mundial unilateral, el nuevo concenso de Washington, llegaron también los nuevos movimientos sociales.

“Pieza 7. Las bolsas de resistencia.

La aparente infalibilidad de la globalización choca con la terca desobediencia de la realidad. Al mismo tiempo que el neoliberalismo lleva adelante su guerra mundial, en todo el planeta se van formando grupos de inconformes, núcleos de rebeldes. El imperio de las bolsas financieras enfrenta la rebeldía de las bolsas de resistencia. Si la humanidad tiene todavía esperanzas de supervivencia, de ser mejor, esas esperanzas están en las bolsas que forman los excluidos, los sobrantes, los desechables.” Siete piezas sueltas del rompecabezas mundial. Subcomandante Marcos.  

La gran crisis económica de los 80’s, la famosa década pérdida de América Latina, fue como la matriz donde cuajaron los cambios, cayeron las dictaduras, regresaron con grandes fanfarrias los civiles, se festejaba con gran estruendo por el regreso de la democracia y la política, al mismo tiempo que se abría las puertas al neoliberalismo a las privatizaciones, flexibilización y fragmentación del trabajo, descampesinización galopante y todas las maravillas del modelito. Es decir una gran contradicción, una economía anti-social por así decirlo asociada a una supuesta democracia floreciente. En realidad los civiles que asumieron los gobiernos de finales de los 80 fueron una especie de cleptocracia tecnócrata, neoliberal y depredadora muy bien representada por Salinas, Fujimori y Menem. También en esos años se cayó el muro y arrastró tanto a los socialismos realmente existentes como a los posibles, los certeros ”Tanquespensantes”[48]  anunciaron con fanfarrias que la era de Marx había terminado. Solo Cuba sobrevivió. Todas estas condiciones cambiaron radicalmente el campo teórico existente antes de los años 90. La consolidación y propagación del pensamiento único determinaron en el horizonte histórico que no existían ya posibilidades más allá de la democracia liberal y la economía capitalista de mercado. A consecuencia de aceptar este imperativo meramente ideológico las viejas izquierdas (acostumbradas a no pensar sino reproducir dogmas como dijo González Casanova[49])  se apresuraron a asumir y repetir el paradigma conservador y alcanzaron su verdadero sueño, después de transitar por los eurocomunismos: convertirse en demócratas a secas.[50]

Los años 90’s determinaron pues que la historia se había parado, que el maravilloso presente se repetiría siempre solo que evolucionando linealmente gracias a los favores del mercado, que las clases y sus luchas habían desaparecido, aún mas que los actores y sujetos del cambio social no eran ya mas que gestores de mejores servicios en función del arte de sostener la gobernabilidad en la era informática y posmoderna, mediática y posindustrial. Sin embargo este sueño de las élites dominantes, mucho mas descabellado que las utopías socialistas, por ser un completo espejismo, pronto mostró sus verdaderas aristas: fragmentación, exclusión, empobrecimiento, entre otras.

Así es que de entre los escombros sociales de tantísimos excluidos comenzaron a organizarse los nuevos movimientos sociales. No surgen de la nada,  surgen de una recomposición sin precedentes de la explotación con la exclusión, de la informalización de amplios sectores y de la conversión en migrantes forzados de otros. Esta dislocación social se acompaña de una creciente exclusión política y social a partir de la macabra combinación de la brutalidad impuesta por las dictaduras con la forja de un sistema de partidos de estado que bloquean la verdadera participación popular en la época de la democracia entumida. De las entrañas de esta doble exclusión comienzan a aparecer los nuevos movimientos sociales, irrumpen con actos contundentes, luchan por una nueva identidad, en la otredad y la diferencia, organizan poderosas redes.

Podemos decir que particularmente en América Latina y muy tempranamente  surgieron estos movimientos sociales, a los cuales se les llama nuevos movimientos sociales, implicando una nueva dinámica de organización, contestataria, de resistencias, de posibilidades y percepciones diferentes, que corresponden justamente a una capacidad de mirar claramente las nuevas condiciones existentes[51]. Una nueva izquierda aparece en el horizonte y, como siempre, le entran resquemores a las viejas izquierdas empantanadas en sus viejísimos grupúsculos o en sus nuevos partidos electorales[52].

Todos conocemos los nombres que representan esta nueva vertiente de acción: en México el EZLN, pero también en su momento el Barzón , la Asamblea de Barrios, el CUT de Tepoztlán y otros; en Brasil sobre todo el MST; en Argentina las Madres de la Plaza de Mayo, los piqueteros, los jubilados, los rebeldes del 2001, en Ecuador y Bolivia los impetuosos movimientos indígenas que tumban presidentes, entre otros muchos que surgen y renuevan sus acciones en medio de un embate feroz.

No son nuevos porque como sujetos sociales no existieran antes, no, son nuevos por su forma de entender y responder a las nuevas condiciones que nos impone aquí en América Latina el turbulento fin de siglo, el neoliberalismo, la globalización y la cuarta guerra mundial como la llama el subcomandante Marcos. Son nuevos porque saben actuar en las nuevas condiciones, mientras que otros movimientos más tradicionales se quedan paralizados o son arrasados por el desmantelamiento neoliberal.[53]

No son nuevos porque hayan surgido de la nada, no, todos tienen alguna raíz que los vincula a la izquierda de antes, ya sea el EZLN a aquella guerrilla fundadora de los 70’s, las FLN y a un movimiento indígena de muchos años atrás en Chiapas; las Madres de la Plaza de Mayo, ni que decir, son las madres y abuelas de miles de guerrilleros desaparecidos; el MST a múltiples experiencias de organización campesina frustradas por la dictadura; las organizaciones indígenas de Bolivia y Ecuador son claro está, organizaciones inmemoriables pero que ahora se organizan para inundar las ciudades, tumbar presidentes y tomar congresos, para desatar las nuevas formas de guerras del agua y del gas.

No son tampoco nuevos porque se reproduzca lo que señala la visión eurocéntrica de que son posindustriales y globalizados[54]. Esos movimientos europeos muy poca repercusión tienen en América Latina,  donde el conflicto ecologista o antinuclear o antiguerra, o por un comercio justo, tienen poca significación en términos de organización popular. Los movimientos europeos y norteamericanos efectivamente en su mayoría son de clases medias, universitarias, con gran manejo de la tecnología de punta, buscan un cambio cultural frente a la abyección totalitaria del consumo como medida y la destrucción tecnológica de la sociedad en la que viven.  Nuestros nuevos movimientos han salido de las filas de los más excluidos, su ecologismo se vincula más con la noción ancestral de la madre tierra.  No nos sirve tampoco la teoría funcionalista que trata de encasillarlos como movimientos del “racional choice”, y como meros gestores de servicios. Volvemos al viejo problema de la copia y la calca, el neocolonialismo interno,  para entender nuestra realidad.

Nuestros nuevos movimientos sociales se insertan en las tradiciones de lucha de América Latina,  el indígena y el campesino es y vuelve a ser un sujeto histórico con una capacidad de organización y respuesta renovadas en nuestro continente, junto con las numerosas formas de los excluidos es el sujeto capáz de romper las costuras del nuevo capitalismo, puesto que ahora articula una visión del mundo globalizado que nos sorprende y despierta a todos,  nos pone de nuevo en marcha. Los indígenas con sus mil lenguas, los campesinos sin tierra, los negros todavía apalencados, los desarrapados o descamisados, los desempleados, los viejos jubilados, los rechazados, nos sacuden y nos abren camino de nuevo.  Frente a esto la muy vieja izquierda se parapeta en sus pequeñas sectas y catacumbas, o bien en grandes partidos la vieja izquierda disfrazada de demócratas pugna en los espacios electorales impúdicamente ofreciendo su registro al mejor postor venga de donde venga y piense lo que piense, ambas expresiones igual que antaño se muestran mezquinas y denostadoras de las nuevas fuerzas en marcha.[55]

Los nuevos movimientos han sabido convocar a la resistencia mundial contra el neoliberalismo y por la humanidad, se han presentado en general como antineoliberales, antiglobalización y finalmente como anticapitalistas. A pesar de que la mayoría de ellas nacen en la localidad, por no usar el viejo concepto de marginalidad,  en el espacio más constreñido y apartado de lo global, sus visiones, acciones y planteamientos adquieren significados mundiales.  De nuevo las orillas: el fondo de una selva lluviosa, la esquina de una barriada gris, la ladera de un cerro polvoso. Desde las orillas nos convocan a todos. No hay un camino certeramente trazado de antemano. Nos convocan a la construcción, en medio de la incertidumbre, de diferentes caminos. Esto también es nuevo, hay que pensar con cabeza propia las nuevas condiciones del cambio, en el cual, por lo menos, ahora volvemos a creer. Lo más nuevo de todo este proceso sea tal vez que nos volvieron a permitir recuperar nuestra propia voz como izquierda. El reto se volvió a abrir y podemos como en los viejos tiempos, no más sentarnos desde el quicio del regateo,  a mirar a pasar la historia, o bien agarrar el tren y subirnos junto con esa diversa y abigarrada humanidad.

“Reconocer el movimiento contradictorio del capitalismo contemporáneo es la base inicial indispensable para la estrategia de lucha anticapitalista y la construcción de otro mundo” . Emir Sader. 2003

 

Todas las resistencias en la historia de la humanidad han parecido inútiles, no sólo la víspera, sino ya avanzada la noche de la agresión, pero el tiempo corre, paradójicamente, a su favor  si es concebida para ello.” Subcomandante Marcos.


[1] Así mismo recordamos claramente como en los años 80 las “nuevas guerrillas”, sobre todo la   salvadoreña se autocalificaba de “Nueva izquierda”,  el comandante Joaquín  Villalobos, cuyo origen eran los grupos cristianos radicalizados,   criticaba ácidamente a las  guerrillas anteriores y a los partidos, proclamando una nueva izquierda que como sabemos naufragó en las negociaciones que él inició seguramente con la mira puesta en su alianza con la derecha facha que lo llevó al parlamento convirtiéndolo en elegante diputado de ARENA.  

[2] Me refiero por ejemplo al gobierno de Goulart en Brasil de los años 60, el MNR de Bolivia que duró hasta el 64, al gobierno de Velazco Alvarado en Perú aún en los 70, etc. También a movimientos guerrilleros anteriores al 60 como el colombiano, el salvadoreño y otros.

[3] Probablemente Las Venas Abiertas de América Latina sea una de las obras mas leídas y conocidas producidas por la izquierda no partidaria que permite descubrir y reconocer la historia americana de una nueva manera sin el fárrago del lenguaje conceptual dogmático y enquilosado.  Eduardo Galeano, Collar de Historias, La Jornada, 12 de julio 2008.

[4] Alonso Aguilar , Dialéctica de la Economía Mexicana, Ed. Nuestro Tiempo, 1977, señala que: “La Revolución de Ayutla se desenvolvió, en cierto modo, conforme al patrón de la guerra de Independencia: se inicia, la sostienen y la llevan al triunfo las fuerzas mas avanzadas, y la consuman, aprovechan y tuercen hábilmente los grupos moderados y conservadores…” Una constante terrible en nuestra historia.

[5] Agustín Cueva, El desarrollo del capitalismo en América Latina , Ed. Siglo XXI, México, 1977.

[6] José Martí, Política de Nuestra América, Edit. Siglo XXI, México, 1977, en el texto de Nuestra América redactado  “en aquel invierno de angustia, en que por ignorancia o por fe fanática, o por miedo, o por cortesía, se reunieron en Washington, bajo el águila temible, los pueblo hispanoamericanos”, señaló muy claramente esta nueva construcción identitaria de Nuestra América frente a la otra América voraz e implacable, la nuestra diferente frente a la otra, marcando que había llegado la hora de su segunda independencia. La enorme angustia de Martí en aquellos momentos era que la guerra de independencia de Cuba fuera el pretexto para la intervención Norteamericana en Latinoamérica. Premonición cumplida.   

[7] Oscar Pino Santos, La Oligarquía Yanki en Cuba, Ed. Nuestro Tiempo, México, el autor plantea claramente la tesis de que la oligarquía financiera yanki consolidó en Cuba, por primera vez, un modelo de intervención que después expandiría a toda América Latina. No se trató centralmente de una intervención territorial como en el caso de México.

[8] Gouldbery de Couto e Silva, General brasileño ideólogo de la Doctrina de Seguridad Nacional, dijo enfáticamente en una conferencia: “De ninguna manera se debe subestimar el alcance del marxismo piensen que en casi dos milenios de cristianismo solo se han logrado 500 millones de adeptos y en cambio el marxismo en 100 años (era 1968) ha logrado mil 500 millones”.

[9] Immanoel Wallerstein en Impensar las ciencias sociales utiliza el término “unthink” traducido  como impensar no tan afortunadamente, sino mas bien con el significado hispano de “deconstruir” o “despensar”, es decir hacer un trabajo de desmenuzar para rehacer o reconstruir a la luz de otros hechos nuevos, distintos aunque envueltos esencialmente en el mismo modo dominante. 

[10] Este espíritu de ser los únicos,  por cierto prevalece hasta hoy día, se percibe claramente cuando organizan mesas, foros, debates para hablar de “los comunistas o los marxistas de América” por lo general no invitan a nadie fuera de sus ámbitos partidarios, siguen creyendo que ellos son los únicos comunistas y se vuelven a complacer en reciclar sus viejísimas discusiones como si el mundo siguiera anclado en los años 30 o 50. 

[11] Muy notable fue la perspicacia de Fidel Castro que desde la cárcel de Isla de Pinos, en 1954, envía una carta al Movimiento 26 de Julio previniendo claramente que no tiene ningún sentido involucrarse en la guerra entre trotskistas y stalinistas cuando el enemigo es la dictadura de Batista, feroz y asesina, que es contra quién hay que juntar fuerzas para hacer la guerra. Esta misma actitud y concepción resurgió claramente cuando se formó en plena guerra de Vietnam la unidad Cuba, Vietnam, Corea y fue la esencia muchas veces de la participación de Cuba en el movimiento de los no-alineados.

[12]  Yo diría  aún más pues en realidad llegaron a desatar conflagraciones militares, quizás la mas aberrante fue la invasión de China a Vietnam al poco tiempo de su triunfo sobre los gringos; y la confrontación con el MPLA y las fuerzas cubanas por el grupo tribal de Jonas Savimbi financiado por los chinos en Angola, como aliados de los surafricanos. .

[13] Que en nuestras tierras produjo la inigualable concepción del marxismo- leninismo- stalinismo, pensamiento maotsetung- presidente Gonzalo, ultimísima versión del albanismo cuzqueño.

[14] Tarso Genro, El PT y el marxismo, en La Renovación de la izquierda latinoamericana, Augusto de Franco et .al., Ed. Nuestro Tiempo, México, 1993,  Tarso Genro fue miembro del Ala Vermelha, disidencia del PCdoB, a su vez disidencia del PCB, exiliado en Mozambique.

[15] Para muchos autores esta revolución del 30, por las fuerzas que intervinieron, sus acciones y métodos de lucha (Guiteras asaltó dos cuarteles para llamar a una insurrección armada) prefiguró una especie de ensayo general de lo que sería años después la Revolución Cubana. La tradición de lucha martiana se había hecho presente en este sentido desde que Mella intentaba organizar un desembarco armado, por lo cual fue asesinado en México en 1929 por Magriñat, agente del dictador Gerardo Machado.

[16] El propio Carlos Rafael Rodríguez, miembro del primer PCC y muy conocido dirigente del período revolucionario, redactó después del triunfo de la Revolución un lúcido y autocrítico análisis de este proceso.

[17] Señalaba claramente Rosa de Luxemburgo: “…quién para transformar la sociedad se decide por el camino de la reforma legal, en lugar y en oposición, a la conquista del poder , no emprende realmente el camino más descansado, ni más seguro, aunque más largo que conduce al mismo fin, sino que al propio tiempo elige distinta meta: es decir, quiere, en lugar de la creación de un nuevo orden social, simples cambios no esenciales, en la sociedad ya existente.”

[18] En realidad si bien Alemán llega a la presidencia por la vía de las elecciones, va a imponer un verdadero golpe de estado social en los principales sindicatos al tomar las direcciones mediante el ejército e inaugurar las perversas direcciones “charras” sinónimo del corporativismo corrupto que sobrevive.

[19] No es ocioso señalar este despliegue, pues significaba en la América Latina de aquel momento la condición histórica concreta que prevalecía en el llamado nuevo mundo libre de la posguerra y frente a la cual las fuerzas de izquierda tenían que actuar. Tal vez el ciclo comenzó con el linchamiento en el 56 del controvertido presidente boliviano, Gualberto Villaroel, que había nacionalizado el petróleo. En el 53 aparece en Colombia el famoso Rojas Pinilla.  Después de los golpes en el 54, que incluyó también la aparición del connotado Somoza en Paraguay, fue el golpe en Argentina a Perón en el 56, seguido por los posteriores del 62, 66 y el último de nuevo a la viuda de Perón en el 76; otros golpes muy conocidos fueron el de Brasil en el 64, un año antes en Ecuador y el mismo año en Bolivia , hasta los del 71 de nuevo en Bolivia, el 72 en Uruguay, 73 en Chile y 76 de nuevo en Argentina. Estos últimos, permitieron establecer una coalición que sustentaron  los  Estados Contrainsurgentes, como los conceptualizó Ruy Mauro Marini, implantando la política de estado del terror absoluto.

[20] “Las relaciones chino-soviéticas se deterioraron después, tras la muerte de Stalin en marzo de 1953. El movimiento revolucionario se dividió en casi todas partes. El llamamiento dramático de Ho Chi Minh dejó constancia del daño ocasionado, y el imperialismo, con su enorme aparato mediático atizó el fuego del extremismo de los falsos teóricos revolucionarios, un tema en el que los órganos de inteligencia de los Estados Unidos se convirtieron en expertos…” Reflexiones de Fidel Castro, “Las dos Coreas” 23 y 25 de julio 2008, se pueden consultar en la página de http://www.cubasocialista.cu.

[21] Esta es una obsesión totalmente recurrente de los troskistas, el 27 de agosta del 2009, Guillermo Almeyra publica en la Jornada un artículo sobre Cuba y lo vuelva a refritar.

[22] Las memorias de un conocido ex militante del PCM  Raúl Jardón, Viaje a Itaca, relatan incluso como él mismo, en esa fecha secretario particular de Pablo Gómez, a su vez Secreatario General del PSUM, fue comisionado con una suma importante de dinero para fomentar comités paralelos en las zonas de influencia del Partido del Pueblo Mexicano de Alejandro Gascón Mercado.

[23] “Varios de estos partidos, realizaron enérgicas diligencias en Moscú protestando de la ingerencia cubana en los asuntos revolucionarios de sus países”  señala Piero Gleijeses en Misiones en Conflicto, editorial Ciencias Sociales, La Habana, tercera edición 2007, citando fuentes diversas.

[24] En Cuba, que hemos tomado como ejemplo del robustecimiento de una nueva izquierda que generara nuevas configuraciones en AL, la fuerza que lleva al triunfo de la revolución no es un partido, es un movimiento, el 26 de Julio, un movimiento que será masivo y cuya unidad descansará en el Ejército Rebelde, según lo recordó el propio Fidel Castro en el III Congreso del PCC. Sin embargo existían el PSP, ex PC.,  y el Directorio Estudiantil, como parte del proceso, para lograr su unificación se constituyen las ORI (Organizaciones Revolucionarias Integradas) y el PURSC (Partido Unificado de la Revolución Socialista de Cuba) en este complejo tránsito se desata el conocido proceso del sectarismo, en el cual algunos de los hábiles dirigentes excomunistas del PSP, Anibal Escalante y otros,  se enganchan en las estructuras fundamentales del partido, una de sus principales expertisses mundiales,  y empiezan a negarle la entrada al mismo a los miembros del Movimiento 26 de Julio porque no eran “cuadros preparados”, es decir que no habían leído los manuales, en realidad era la segunda etapa de una lucha hegemónica por la dirección de la revolución, Fidel decía irónico ¡seguramente Camilo no podría entrar pues nunca leyó esos manuales, pero hizo la revolución!. Es sumamente ilustrativo leer los discursos de aquellos años.   

  [25] Esta fue una muy incisiva reflexión, además de otras tantas,  que hizo el Comandante Manuel Piñeiro en la reunión de los Partidos realizada en La Habana en 1975, que no se si está publicada pero que yo alcancé a escuchar pues estaba trabajando en el evento como traductora. En realidad los militantes comunistas que se integraron a las luchas armadas en general lo hicieron después de una fuerte lucha interna y un desgajamiento de sus partidos, muy pocos como el PC guatemalteco se sumaron a las luchas antidictatoriales mediante un “brazo armado”. Además esta  reunión había sido precedida por otra mucho mas secreta en 1964, determinada por el PCUS, en la cual virtualmente se impuso la determinación de que en América Latina los partidos comunistas debían de establecer las condiciones revolucionarias, lo cual llevó como en el caso del Che a los gravísimos problemas que ya sabemos y para otros MLN también. Esta reunión es recogida por Piero Gleijeses en el libro citado.

[26] Recordamos  toda la justificación del PCUS a apoyar ahora los grandes nacionalismos como el Egipcio. 

[27] Grave es el papel que siguen jugando estos obreros corporativizados, como en Venezuela donde siguen apoyando a la rancia democracia cristiana, como en México donde escandalosamente se alían a la derecha panista, en Bolivia donde la COB lanza huelgas y dinamita en un escenario confuso.

[28] Eduardo Galeano, Las Venas Abiertas de América Latina, Ed. Siglo XXI, que, después del libro de Marta Harnecker “Conceptos Fundamentales del Materialismo Histórico”, es el libro mas reeditado y con mayor número de ejemplares vendidos de la editorial Siglo XXI pero que el señor Vargas Llosa califica como el primero de los 10 libros que todo idiota debe tener bajo la almohada.

[29] Por supuesto que nadie puede ser tan obtuso para creer que en los partidos no los hubo, baste señalar a cuatro enormes de las letras, Neruda, Guillén , Jorge Amado, Dashiel Hamet, del arte y la arquitectura como Oscar Niemayer, Siqueiros o Silvestre Revueltas y los cantantes Paul Robson o Victor Jara. Por el otro lado entre los no afiliados partidistas deberíamos incluir unos 200 nombres significativos que fueron reunidos bajo el nombre de la generación del Boom literario, Cortazar, García Márquez, Benedetti, Dalton y cientos mas, que incluyó la explosión musical, pictórica, y en todos los terrenos de la creación.

[30] Desterrado por el dictador Uriburo, que da el golpe de estado contra el presidente Irigoyen, viaja a México en 1935, donde imparte diferentes cátedras en la Universidad Nacional, en la U. Obrera y muere muy tempranamente en el 38, se hace amigo de Guillén y Marinello también desterrados por otro golpe. Es por cierto uno de los primeros marxistas que se lanza al análisis de lo educativo 

[31] No es el objetivo de este análisis profundizar en este planteamiento, son conocidos los grandes aportes de Prebish, Furtado, Pinto y muchos otros. Años después a la vista de los procesos dictatoriales que se desataron, el propio Prebish sentenció: “Yo he llegado a la conclusión de que el proceso de democratización es incompatible en la América Latina con el régimen vigente de acumulación de capital y distribución del ingreso. Debemos buscar nuevas fórmulas de transformación  profunda de la sociedad en nuestro continente.” 1981.  La enorme fuerza que sostiene aún hoy día este pensamiento nacionalista desarrollista está a la vista en los gobiernos de “izquierda” actuales que más tímidamente que los planteamientos anteriores, buscan una cara humana del capitalismo.

[32] En un muy lúcido texto, se plantean las condiciones históricas que permitieron la eclosión del pensamiento marxista autónomo, así como sus nuevos y determinantes aportes. Consultar en Ruy Mauro Marini y Margara Millán, La Teoría Social Latinoamericana, Tomo II, Subdesarrollo y dependencia, Ediciones El Caballito y UNAM, 1996.

[33] “Paradójicamente, las revoluciones del muy revolucionario siglo XX –consumadas varias de ellas en nombre del visionario alemán- fueron un mentís a sus mas caras predicciones. El asalto al cielo no se dio en los países industrializados donde las embarnecidas fuerzas productivas debían reventar las costuras de las relaciones de producción, sino en las orillas del sistema. Y si el proletariado industrial era la clase económicamente predestinada a encabezar las luchas por la liberación definitiva, fue el campesinado -desahuciado  por la economía- quién protagonizó las grandes rebeliones del siglo pasado. Y el marxismo se adaptó de grado o por fuerza a las insurgencias realmente existentes”, señala Armando Bartra en “El hombre de hierro. Los límites sociales y naturales del capital”, Ed. Itaca, México, 2008.

[34] El mundo contemporáneo sería verdaderamente diferente si no se hubieran protagonizado las intervenciones que cercenaron en todos los rincones del mundo las nacientes revoluciones anticolonialistas, particularmente en África, baste recordar los asesinatos de Ben Bella en Argelia, de Amilcar Cabral en Guinea, de Lumumba en el Congo, de Samora Machel en Mozambique y de tantos.

[35] Nos referimos al vergonzoso hecho de negociar la retirada de los cohetes sin siquiera haber consultado a los cubanos, quienes por cierto nunca estuvieron de acuerdo en los absurdos mecanismos secretos para instalarlos y a la hora de la retirada tenían cinco puntos estratégicos planteados para una negociación mínimamente digna y plausible, frente a este hecho el pueblo de Cuba salió a las calles gritando: ¡¡Nikita mariquita, lo que se da no se quita!!. Este era el verdadero rostro de la URSS y su papel frente al imperialismo.

[36] Recuerdo como en la presentación de un libro del Che en la librería Ghandi, sentado al lado mio, el conocido troskista, Guillermo Almeyra, presentó su reiterada y mezquina teoría del que el Che no había sido un revolucionario en todo el sentido de la palabra, sino simplemente un rebelde, como tantos otros.

[37] Ernesto Che Guevara, El Socialismo y el hombre nuevo, Ed. Siglo XXI, México, 1977. Los aportes realizados por el Che se complementan hoy con una enorme y variada cantidad de análisis sobre errores, aciertos,  rectificaciones, nuevos caminos, sobrevivencia, etc. Realizadas por los cubanos en estos mas de 40 años desde la muerte del Che.

[38] No es ocioso volver a señalar que la llamada teoría de la dependencia integró a una gran cantidad de pensadores y actores, muy variados, con planteamientos diferenciados  y debates constantes, que podríamos identificar también como una gran corriente que percibía la conformación y el funcionamiento de América Latina bajo una nueva mirada en la cual era determinante el proceso histórico de acumulación, la deformación estructural, la dependencia estructural, el sistema de dominación bajo las clases dominantes y dominadas a su vez,  los estados fascistas o de contrainsurgencia y seguridad nacional, lo que se encuadró en el concepto de formación económico-social.

[39] En realidad hacia el año 1976 se empiezan a expresar de manera clara estos grupos, el primero también conocido como neodesarrollista, encabezado por Cordera que busca reposicionar las posibilidades de lograr un desarrollo mediante el artilugio teórico de no considerar tan determinante la economía mundial, de la misma manera se abren paso los llamados  “endogenistas” quienes plantean coincidentemente que el factor externo no es tan determinante como las relaciones sociales nacionales, este grupo integrado por intelectuales del PC como Semo y Roger Bartra, o bien  por Ciro Cardoso y Sempat Assadourian, pretenden asestar una crítica desde el marxismo clásico a la dependencia, finalmente otro grupo se adscribe al gramscianismo en boga, como Portantiero, Ipola, Pereyra, Aricó en torno al debate sobre el estado y su carácter, la sociedad civil y la toma del poder,  apunta Ruy Mauro Marini al calificar a estos grupos divergentes. Todos concentrados tempranamente en desaparecer la noción de imperialismo. 

[40] Fernando Castañeda Sabido, La crisis de la sociología académica en México, UNAM-Porrúa, 2004.

[41] “Es cierto, cuando un hombre acostumbrado a pensar con dogmas se queda sin éstos se da cuenta de que esta acostumbrado a no pensar , sino repetir. Frente a ellos la forma dominante de pensar y hablar, el dogma triunfante es la globalidad “desideologizada”, los derechos individuales sin derechos sociales, el laissez faire del neoliberalismo conservador.” Señala González Casanova en Globalidad, neoliberalismo y democracia, CIICH-UNAM, colección Mundo Actual, 1995. 

[42]  Este es un elemento teórico muy importante e interesante que se esbozó en la teoría de la dependencia y que esta autora ha retomado y que sería muy importante profundizar en los análisis contemporáneos a la luz de los procesos recientes en América Latina. Ana Esther Ceceña, Los monopolios y la soberanía Latinoamericana, en Ruy Mauro coord., La teoría Social Latinoamericana, Tomo III, Ed. El Caballito UNAM; 1995.

[43] Se refiere a la conocida expresión que se fraguó en los campos bananeros en torno a la United Fruit Co. ya que Yunai es la forma en que se pronunciaba United, es también el título de una novela que tuvo un enorme impacto escrita en los años 40 por el costarricense Carlos Luis Fallas que desnudaba las condiciones neocoloniales impuestas. “Ilusiones de todos los que entran a la zona bananera en busca de un salario y que se van dejando a jirones en las fincas de la United. Los linieros viejos ya no sueñan en nada, no piensan en nada. Sudan y tragan quinina. Y se emborrachan con el ron grosero que quema la garganta y destruye el organismo. ¡hay que embrutecerse para olvidar el horror en que se vive y en el que se tiene que morir!”. 

[44] Como uno de los detractores está por supuesto Jorge Castañeda con su libro “La utopía desarmada”, de 1993, quintaesencia de las falacias, pero también algunos exguerrilleros arrepentidos devenidos en diputados tempranos de la primera camada del retorno como el brasileño Fernando Gabeira , o algunos expeces aún rumiando su envidia como Joel Ortega en alguna revista Memoria del CEMOS; y algunos otros dedicados a sustentar la idea de que el radicalismo infantil de los movimientos armados precipitó las dictaduras falseando la mas elemental noción histórica de respetar por lo menos las fechas de los acontecimientos, como la mayoría de los conversos demócratas.

[45] Salvo quizás en el caso de Venezuela en que los revolucionarios mas avanzados (FALN- Douglas Bravo, 1962)  intentaron llevar el proceso mas allá de la frustración en que cayó la triunfante revolución del 58 que depuso al dictador Marcos Jiménez con la falsa democracia norteamericanizada de Betancourt, o en el caso de Uruguay donde los Tupamaros decidieron enfrentarse y desnudar a una rancia oligarquía exportadora aliada de los intereses trasnacionales en la supuesta Suiza de América.

[46] No hay mas que asomarse a La Operación Cóndor , una compleja maquinaria de exterminio articulada por los “gobiernos” de Brasil, Paraguay, Argentina, Chile y los EE.UU, con el fin de eliminar la “conjura extranjerizante y comunista”. Un significativo atisbo es el libro de Estela Calloni, publicado por  La Jornada.

[47] Estoy pensando en una cantidad de textos como el del guatemalteco Mario Palleras, “Los días en la selva”. de Bolivia Raquel Guzmán, el uruguayo,  Raúl Zibechi, en México los textos sobre esa época son múltiples como los de Carlos Montemayor, etc… pero de órden mas descriptivo,  actualmente en la Revista Rebeldía, Sergio Rodríguez lascano, intenta en algunos párrafos esta crítica sobre el problema de la toma del poder y la generaliza a toda la izquierda pasada sin ningún atisbo de distinción entre las enormes diferencias que hubo.

[48] Me refiero a los famosos Think tanks de la época Reagan, lo ilustrativamente oscuro es que ningún tanque piensa, abrumados por su triunfo en el roll back y ensordecidos por su propio ruido, la realidad se les escapó y creyeron que con el muro de Berlín caía toda posible acción social.

[49] Pablo González Casanova, Globalidad Neoliberalismo y Democracia, en El Mundo Actual, cuadernos del CIICH, UNAM, 1995

[50] Para documentar en mayor detalle este proceso se puede ver el libro de Roberto Regalado, América Latina entre siglos, editado por Ocean Press.

[51] Esto es lo que creemos que define su novedad en el escenario, más que el hecho de que en sí mismos no existieran como actores sociales anteriormente, me refiero obviamente a los indígenas y las mujeres, este es solo un artilugio de los que debaten para decir que no hay nada nuevo en el horizonte,.

[52] Me refiero sobre todo a las agrupaciones electorales que se han formado que operan, mas que como partidos, como frentes de muy diversos grupos que comparten el interés por escalar escaños y puestos gubernamentales. Como el PRD, los Peronismos, el PT en Brasil, los socialistas chilenos. La mayoría agrupados en las izquierdas del Foro de Sao Paolo, de nueva cuenta con grandes diferencias entre ellos. 

[53] Los grandes sindicatos acostumbrados a los rimbombantes “pactos”, a las convenidas negociaciones, y en nuestro país dominados por el absoluto corporativismo, solo atinan a defender su propio espacio y a veces solo el empleo de sus agremiados, acostumbrados a ser parte de los grandes conclaves del poder, no saben articular una oposición al nuevo modelo de organización de la producción que los devasta y fragmenta.

[54] Me refiero por ejemplo a los conocidos autores como Alain Tourraine y Alberto Melucci, traducidos y divulgados en español y aparentemente fundadores de la teoría de los nuevos movimientos sociales (NMS), no discutimos su pertinencia para las sociedades europeas, no es nuestro objetivo, (aunque podríamos decirles que presten mas atención a organizaciones como Vía Campesina y su papel en el Foro Social Mundial), pero si sostenemos que la mayoría de sus categorías y enfoques no corresponden a nuestras sociedades donde el impacto del neoliberalismo es totalmente diferente. Tampoco compartimos su premisa central de que la lucha de clases ha sido sustituida por la lucha de los NMS, para nosotros la lucha de los NMS es justamente la nueva expresión de las contradicciones y las nuevas formas de enfrentarlas, como señalamos antes: en América Latina “El Sujeto histórico” siempre fue diferente y no por ello no se desarrollaron las luchas de clases. Basta con mirar a la furia burguesa desatada en Santa Cruz en Bolivia o en las calles de Caracas en Venezuela.  

[55] Es notoria por ejemplo la frivolidad del PRD mexicano al votar en contra de la propuesta de ley indígena acordada por el EZLN y el gobierno y conocida como la propuesta por  la COCOPA y en cambio a favor de una ley elaborada por el PAN y el PRI con graves retrocesos, es notoria su complicidad con organizaciones, incluso paramilitares, que atacan a las comunidades zapatistas en Chiapas. Es notoria la confrontación entre Lula y el MST, no solo por el hecho de que Lula ha entregado casi las mismas tierras que el propio Cardoso, sino incluso por una “inacción” del gobierno frente a los latifundistas armados y agresores del movimiento.

Los nuevos movimientos han sabido convocar a la resistencia mundial contra el neoliberalismo y por la humanidad, se han presentado en general como antineoliberales, antiglobalización y finalmente como anticapitalistas. A pesar de que la mayoría de ellas nacen en la localidad, por no usar el viejo concepto de marginalidad,  en el espacio más constreñido y apartado de lo global, sus visiones, acciones y planteamientos adquieren significados mundiales.  De nuevo las orillas: el fondo de una selva lluviosa, la esquina de una barriada gris, la ladera de un cerro polvoso. Desde las orillas nos convocan a todos. No hay un camino certeramente trazado de antemano. Nos convocan a la construcción, en medio de la incertidumbre, de diferentes caminos. Esto también es nuevo, hay que pensar con cabeza propia las nuevas condiciones del cambio, en el cual, por lo menos, ahora volvemos a creer. Lo más nuevo de todo este proceso sea tal vez que nos volvieron a permitir recuperar nuestra propia voz como izquierda. El reto se volvió a abrir y podemos como en los viejos tiempos, no más sentarnos desde el quicio del regateo,  a mirar a pasar la historia, o bien agarrar el tren y subirnos junto con esa diversa y abigarrada humanidad.

 “Reconocer el movimiento contradictorio del capitalismo contemporáneo es la base inicial indispensable para la estrategia de lucha anticapitalista y la construcción de otro mundo” . Emir Sader. 2003

Todas las resistencias en la historia de la humanidad han parecido inútiles, no sólo la víspera, sino ya avanzada la noche de la agresión, pero el tiempo corre, paradójicamente, a su favor  si es concebida para ello.” Subcomandante Marcos. 2003.

Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra “MST Brasil”

Jornada de Debate

Las luchas a lo lago de América Latina, constituyen un referente histórico que no podemos dejar pasar para su estudio, análisis y un enriquecedor debate.

¡Vamos!, los invitamos a una jornada de debate sobre el MST de Brasil, una jornada que nos lleve a conclusiones individuales o grupales, una jornada que nos permita visualizar la similitud y/o diferencias entre la lucha de estos compañeros brasileños y las lucha …s de nuestro México querido, una jornada que nos permita adquirir los conocimientos y enriquecernos con su experiencia y así avanzar hacia la revolución.

El MST que es portugués es “Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra”, es un movimiento formado principalmente para confrontar el modelo de reforma agraria impuesto por el régimen militar brasileño. Hoy se encuentra entre los movimientos más grandes de Latino América (cerca de 1,500,000 de miembros activos) y tiene prescencia en 23 de los 27 estados de Brasil.

Panelista
Rebeca Peralta Mariñelarena
Profesora Adjunta de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM
Posgrado en Estudios Latinoamericanos

Invitada Especial
Reyna Martínez Flores
Vocera en Oaxaca del municipio autónomo de San Juan Copala

http://www.mst.org.br